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23/12/2016 | Brexit: seguimos sin un plan

Carlos Fresneda

El Gobierno de Theresa May sigue sin definir el plan de salida de la UE y se encuentra dividido entre los partidarios de un "Brexit duro" y uno "blando"

 

Seis meses después del voto a favor del 'Brexit', el Gobierno británico no dispone aún de un plan para negociar la salida de laUnión Europea. El secretismo de la premierTheresa May ha creado tanto malestar en Bruselas como en la City de Londres, que espera una señal inequívoca sobre la gran cuestión de fondo -la integración en el Mercado Único- a primeros de año.

Para aplacar el estado de máxima ansiedad, May ha anticipado que dará en enero un discurso en el que esbozará sus propuestas para "un Reino Unido global". Pero el ministro para el 'Brexit', David Davis, ha dejado claro que habrá que esperar a febrero para conocer los primeros detalles del supuesto "plan", y que incluso entonces el Gobierno británico se reserva el derecho a ocultar sus bazas negociadoras.

La opacidad de May ha vuelto a levantar las sospechas del Parlamento, que dio el reciente visto bueno a su calendario (invocación del artículo 50 a finales de marzo) pero que espera poder debatir e incluso votar antes las líneas maestras de la negociación. La líder conservadora se enfrenta en cualquier caso a una explosiva cuenta atrás en los tres próximos meses, en los que saltarán a la vista las profundas divisiones internas dentro de su propio gabinete.

Una de las razones del calculado retraso es precisamente esa: no exacerbar antes de tiempo la ira de los "brexiteros" (partidarios del la ruptura total con Bruselas) ni chafar las pretensiones de los ex defensores de la permanencia, que son mayoría en el Gobierno y ahora abogan por la solución "blanda": integración desde fuera en el mercado único y en la unión aduanera.

La propia May ha anticipado que no esta dispuesta a caer en "la falsa dicotomía" entre "Brexit duro" o "blando". Tampoco se ha mostrado partidaria de una solución intermedia o "Brexit gris". Su más reciente aportación a la colorista gama ha sido la del "Brexit azul, rojo y blanco" (o sea, los colores de la Union Jack).

Será en cualquier caso un "Brexit sucio", a la luz del tira y afloja de estos seis meses vividos peligrosamente, con torpedos lanzados desde Bruselas: desde la "urgencia" para formalizar la ruptura en apenas 18 meses, a la advertencia de que la cosa se puede demorar hasta una década, previo pago de una factura de 60.000 euros por el divorcio.

De momento, las únicas pistas de lo que está estudiando el Gobierno las ha dado el "brexitero" mayor Liam Fox, al frente del Departamento de Relaciones Comerciales. Por primera vez, Fox ha puesto sobre la mesa el "modelo Turquía": miembro de la unión aduanera, pero no del mercado único, por lo que no está obligada a aceptar la libertad de movimientos y retiene el control de sus fronteras.

El secretario para el 'Brexit', David Davis, ha reconocido también que el "modelo turco" (dentro de la unión aduanera y fuera del mercado único) es una de las cuatro posibilidades que estudia su departamento, junto a las dos conocidas hasta ahora ("Brexit duro" y "Brexit blando") y un cuarto "modelo suizo": fuera de la unión aduanera pero con acuerdos sectoriales.

Davis ha admitido también que el Reino Unido está mirando hacia Noruega, pero no para replicar su estatus, sino para copiar el modelo de frontera "blanda" con Suecia y adaptarlo a Irlanda del Norte con la República de Irlanda.

Lo que no ha admitido públicamente Davis es el caos que aparentemente reina en su departamento, desbordado por el trabajo y frustrado por la falta eterna de definición del Gobierno. "En estos momentos, todos los departamentos están haciendo evaluaciones sobre cómo el 'Brexit' podría afectar a sus operaciones, pero es un proceso muy confuso porque nadie sabe exactamente cuál es la meta del Gobierno", reconocían fuentes del propio departamento del 'Brexit' al Financial Times.

El nuevo departamento, que empezó a funcionar con apenas 32 funcionarios, dispone ya de más de 500 trabajadores, a todas luces insuficientes para la avalancha de trabajo. Davis sigue pidiendo refuerzos, mientras arrecian las críticas por la creación del Departamento para la Salida de la Unión Europea, por su escasa efectividad y por la tremenda burocracia que está empezando a generar.

Según un Informe del "think tank" Instituto para el Gobierno, pese a "las claras señales de progreso en las preparaciones" hay también indicios de "una gran incertidumbre en muchos departamentos sobre todo lo que hay que hacer antes de la invocación del Artículo 50 y sobre la falta de preparación sobre lo que será la vida fuera de la Unión Europea".

La 'City' amenaza con un posible éxodo bancario

Al secretismo y al caos hay que añadir las fuertes tensiones internas dentro del Gobierno, que irán a más según se acerca la fecha del pistoletazo del salida. El secretario del Tesoro, Philip Hammond, máximo partidario del "Brexit blando", lanzó hace dos semanas el globo sonda de un acuerdo de la transición para amortiguar los efectos de la salida de la UE en sectores como el financiero.

La solución propuesta por Hammond, conocida ya como el "Smooth Brexit" ("Brexit suave") dejaría temporalmente al Reino Unido en una situación 50/50, en vez del divorcio en el plazo de dos años. La idea de la "transición" ha encontrado eco dentro del Gobierno, pero no ha sido acogida con un mínimo de entusiasmo en Bruselas.

Hammond está ejerciendo de puente entre Downing Street y la City, que amenaza con un éxodo bancario si no se garantiza el mantenimiento de los "pasaportes financieros" para poder seguir operando en el bloque de la UE desde Londres sin necesidad de licencias nacionales. El alcalde Sadiq Khan ha hecho también piña con otros sectores vitales para la economía de Londres (el tecnológico, el turístico, el educativo) para defender los intereses de la capital británica en las negaciones.

Y en esto llega Escocia y reclama su "lugar en Europa". La ministra principal Nicola Sturgeon ha presentado esta semana su propia propuesta para la permanencia de Escocia en el Mercado Único, reservándose el derecho a un nuevo referéndum de independencia si el Gobierno británico no puede garantizarle este estatus.

"Mi esperanza es que el Reino Unido siga integrado en el Mercado Único, pero la influencia de los "brexiteros" duros hace improbable que sea finalmente la opción", asegura Sturgeon. "En ese caso, queremos tener la garantía de suficiente flexibilidad en las negociaciones para defender los intereses de cada parte del país. La economía de Escocia sufriría un grandísimo golpe si se nos niega esa opción".

El Mundo (España)

 



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