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22/09/2013 | Escocia - Mañana en la batalla...

Carlos Fresneda

En 1314, en esta colina donde los vecinos de Bannockburn sacan hoy a pasear alegremente a sus perros, los escoceses vencieron a los ingleses en la batalla más celebrada de sus guerras de independencia.

 

Al frente de los 6.500 soldados estaba Roberto I, sucesor del mítico William Wallace ('Braveheart') en el corazón patriótico de los 'scots'. Los ingleses eran tres veces más numerosos, pero perdieron.

Setecientos años después, el primer ministro escocés Alex Salmond piensa aprovechar la victoria de Bannockburn como metáfora. 'Against all odds' ('Contra viento y marea'). Ese es el lema con el que se preparan ya en este pueblo, a la vera del castillo de Stirling, los fastos de la gran victoria sobre las tropas inglesas.

El aniversario será en junio, tres meses antes del referéndum de independencia. Los nacionalistas piensan atrincherarse aquí con todas sus huestes y hacer todo el ruido posible para alimentar el orgullo patriótico. Junto a la estatua ecuestre de Roberto I, junto al hotel King Robert, se levantará un centro de visitas donde los niños podrán ver una crudísima recreación de la batalla que cambió (tan sólo temporalmente) el destino de Escocia en las constantes escaramuzas con los vecinos del sur durante la Edad Media.

¿Sí o no?

"Todo este empeño en revivir las heridas del pasado me parecen excesivos", admite Rose Cooper, 37 años, votante del Partido Laborista y partidaria del 'no' a la independencia. "Van a inundar Bannockburn con propaganda independentista, ya lo están haciendo. Así que estoy pensando en mudarme, al menos hasta que arrecie la tormenta".

En apenas media hora, por cierto, pasamos del viento huracanado al sol espléndido, y de ahí al diluvio del fin del mundo. El clima, en Escocia, es más violento e incluso más variable, y eso puede influir al final en las urnas. "Aún no sé lo que votaré, depende de cómo me levante ese día", confiesa Sarah Clark, 58 años, que ha sacado a pasear al chucho bajo el arco iris. "Mi corazón me dice que sí, la cabeza me dice que no".

Jim Buchanan, 64, lo tiene decidido hace tiempo. "Hay que perderle el miedo al sí", dice bajo el último reflejo de la tarde en los lomos del caballo negro de Roberto I. "Yo creo que nos irá mejor económicamente como un país independiente. Tenemos muchos recursos y una capacidad fuera de toda duda, como hemos demostrado en muchos momentos de la historia, cuando fuimos un reino independiente".

Historia

A tiro de ballesta de Bannockburn queda por cierto el Monumento de William Wallace: una imponente torre neogótica de 62 metros en honor del legendario héroe del siglo XIII, erigida 1869 en otro de los esporádicos estallidos del nacionalismo escocés y reivindicada ahora como el corazón de la "libertad y la independencia".

Se diría que una mano invisible ha querido que 'Braveheart' se moje también en el referéndum. A medio camino de ascenso a la torre, el héroe medieval sale a nuestro paso con espada justiciera (1,63 metros de largo y tres kilos de peso) y en son de guerra. Su rostro cobra de pronto de vida, interpretado por un actor al que no reconocemos (más ceñudo que Mel Gibson), presto a revivir sus hazañas en el campo de batalla.

Wallace no pierde ocasión de recordar la crueldad del enemigo inglés cuando lo capturaron en 1305 y lo juzgaron por "alta traición". Ahorcado y decapitado, su cabeza bañada en alquitrán fue colgada en lo alto del puente de Londres. Sus extremidades se repartieron luego por distintas partes de Inglaterra y Escocia como sanguinaria advertencia y prueba irrefutable de su muerte: el brazo derecho a Newcastle, el brazo izquierdo a Berwick, el pie derecho a Perth, el pie izquierdo a Aberdeen…

Pero el dolor y el rencor en su rostro, en esta recreación virtual a la que asistimos en el Monumento a Wallace, se troca de pronto en orgullo en cuanto aparece en imagen su paisano Roberto I, artífice de la épica victoria de Bannockburn, que tuvo también algo de revancha por la muerte de 'Braveheart'.

"Todo el dramatismo de la lucha de Wallace por la independencia escocesa cobra vida en este espectacular edificio", nos advirtieron a la entrada. Y no exageraban. El viento del fin del mundo (que nos acompaña desde que entramos en Escocia) le da a todo aquello un aire neogótico y dramático que culmina con el ascenso a la corona de la torre.

En el lúgrubre interior del monumento, en una de tantas licencias de la historia, resuenan entre tanto las palabras de Wallace, pronunciando desde ultratumba el momento álgido de la Declaración de Arbroath (la declaración de independencia de Escocia) redactada 15 años después de su muerte…

"Porque, mientras queden al menos cien de nosotros, nunca seremos reducidos bajo el dominio inglés. No es en verdad por gloria, ni por riqueza, ni por honores por lo que luchamos, sino por la libertad y sólo por ella, que ningún hombre honesto entrega sino con la vida misma".

El País (Es) (España)

 



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