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07/06/2017 | Los siete errores de Theresa May

Carlos Fresneda

El laborista Jeremy Corbyn ha seguido su remontada hasta la línea final de meta y se ha colocado a tan solo un punto de la conservadora Theresa May en la última encuesta de Survation para Good Morning Britain (41,5 frente a 40,4). Otros sondeos hablan de una distancia más amplia, pero concluyen igualmente que la actual mayoría parlamentaria de los 'tories' podría saltar por los aires el 8-J.

 

Mientras el Partido Laborista ha cerrado finalmente filas en torno a su controvertido líder y su mensaje incuestionable de izquierdas, en el Partido Conservador llueven las críticas por el cúmulo de errores cometidos durante la campaña y atribuibles a la cuestionada inquilina de Downing Street...

1. Convocar elecciones anticipadas

Nadie lo esperaba. May había repetido por activa y pasiva que el país necesitaba "estabilidad" durante las negociaciones del Brexit y que no pensaba adelantar las elecciones generales, previstas para el 2020. A la vuelta de Semana Santa, después de respirar aire limpio en Gales y en compañía de su marido, Philip, la 'premier' protagonizó el primero de sus ya famosos 'volantazos'. "He llegado a la conclusión de que la única forma de garantizar la certeza y la seguridad para los años venideros es celebrar elecciones anticipadas", dijo en el momento de hacer el anuncio, el 18 de abril. Se las prometía muy felices....

2. Invitar a cenar a Juncker

Seis días después del anuncio, Theresa May invitó a cenar a Downing Street al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, para un primer cambio de impresiones sobre las negociaciones del Brexit. La cena 'indigesta' del 26 de abril marcó un antes y un después. Juncker salió con cara de pocos amigos y telefoneó a la cancillera Angela Merkel para decirle: "May vive en otra galaxia". La filtración al Frankfurter Allgemeine fue el postre amargo: Juncker reconoció que después de esa cena era "diez veces más escéptico que antes" y vaticinó un 50% de posibilidades de fracaso de las negociaciones del Brexit.

3. Intentar emular a Thatcher

Hace apenas dos meses, el Partido Conservador aventajaba en una media de 20 puntos al Partido Laborista en las encuestas. May vio sin duda la oportunidad para asestar un golpe definitivo e histórico a la oposición, comparable al de Magaret Thatcher en 1983, cuando relegó al líder radical Michael Foot al 27% de los votos. Las proyecciones hablaban entonces de una abrumadora "nueva" mayoría para los conservadores de 100 o más diputados sobre las fuerzas de la oposición. Hoy por hoy, May pondría sin embargo la mano en el fuego para poder conseguir lo que logró David Cameron en el 2015: una mayoría de 330 diputados sobre 650. Una ventaja mínima, pero suficiente.

4. Subestimar a Corbyn

En el plano personal, May aventajaba de entrada a Corbyn por casi 40 puntos como la persona que los británicos querrían ver en Downing Street. La distancia se ha ido recortando día a día, gracias en parte a la habilidad demostrada por Corbyn durante a la campaña. El líder de la oposición, cuestionado por su ambigüedad ante el Brexit y censurado en su día por el 70% de sus propios diputados, empezó a sentirse en su elemento al reconectar con las bases. La marea 'corbynista' que propició su ascenso volvió a movilizarse. El manifiesto laborista -con propuestas como la renacionalización de la energía y los ferrocarriles- caló en el electorado británico. La campaña, que hasta entonces fue desequilibrado pulso personal, se convirtió repentinamente en una "batalla de las ideas".

5. "Fuerte y estable"

May arrancó la campaña en plan presidencial, tapando el logo del Partido con su nombre y el del 'Team Theresa'. La 'premier' siguió de entrada el consejo de Lynton Crosby, ex gurú de Cameron, artífice del eslogan inicial: "Strong and stable". A base de repetirlo con tanta insistencia, "fuerte y estable", el 'mantra' acabó convirtiéndose en uno de esos pesados collares que tanto le gustan a 'Maybot' (así rebautizada por su tendencia a repetir frases robóticas). La 'premier' cultivó una calculada distancia con los votantes que LE acabó pasando factura. Su ausencia en el debate televisivo de la BBC fue también un imperdonable error. Corbyn estuvo hábil y se presentó en el último momento. Su campaña fue también siempre por delante con el lema "For the many, not the few" ("Para muchos, no para unos pocos"). Aunque el eslogan mas atinado, coreado en los mítines, fue sin duda "Make June the end of May" ("Haced de Junio el final de May").

6. El "impuesto de la demencia"

El punto definitivo de inflexión fue el 18 de mayo. May decidió dispararse contra su propio pie en la presentación del manifiesto conservador y anunciar la controvertida reforma de la asistencia social, rebautizada astutamente por los laboristas como el 'impuesto de la demencia'. Los jubilados con casas valoradas en más 100.000 libras (115.000 euros) se verían obligados a costearse la asistencia a domicilio, según su plan. May recalcó que no existe "un árbol mágico del dinero", como pretenden los laborsitas, y que hay que tomar "decisiones difíciles" para afrontar el reto del envejecimiento de la población. A las pocas horas tuvo que rectificar y matizar que habrá un límite a la cantidad que los pensionistas deban pagar. Pero el daño ya estaba hecho. May fue acusada de dar un nuevo 'volantazo'. Su nuevo lema de campaña, "Forward Together" ("Avanzando juntos"), acabó haciendo aguas.

7. "Hacer del Brexit un éxito"

May ha llegado al final de la campaña, con una imagen muy distinta a la que tenían los británicos hace apenas dos meses. Muchos la perciben ahora como una líder "débil y tambaleante", dando la vuelta a su propio eslogan. Su rigidez y su secretismo han sembrado la discordia en su propio equipo. Todos los dardos apuntan a su jefe de Personal, Nick Timothy, responsable del fiasco del "impuesto de la demencia" (que no fue consultado siquiera con su gabinete). Lynton Crosby volvió a tomar las riendas en la recta final de la campaña, con un mensaje muy claro: "Hacer del Brexit un éxito". Pero los atentados de Manchester y del Puente de Londres han alterado la dinámica de un modo imprevisible.

May se ha apoyado en su experiencia como secretaria de Interior para hacer ver al país que es la líder más fiable para mantener el país "seguro". Pero los recortes policiales (20.000 agentes menos desde el 2015) y los fallos de la seguridad a la hora del prevenir los atentados han dejado sin embargo en evidencia al Gobierno conservado en el clímax de las elecciones. La entrada final en escena de Boris Johnson, acusando a Corbyn de "blando" con los enemigos es una señal más de la inquietud entre los conservadores. Voten lo que voten los británicos, lo harán pensando más allá del Brexit, bajo los efectos de estos dos meses vividos peligrosamente.

El Mundo (España)

 



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