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17/12/2016 | Primera mujer en 8 siglos que dirige la Universidad de Oxford: Louise Richardson:

Carlos Fresneda

"En la universidad el IRA intentó reclutarme... Rechacé unirme porque no admitía el uso de la violencia", dice la irlandesa. "Si hablamos de educación de élite parece que algo está mal... En Oxford no podemos renunciar a las mejores mentes europeas". "Uno de los objetivos de los terroristas, y lo lograron con en el 11-S y los atentados de París, es una reacción exagerada".

 

Las gárgolas de Oxford nunca vieron nada igual: por primera vez en 800 años una mujer se hizo con el timón de la universidad más prestigiosa del mundo. Louise Richardson nació además en un remoto pueblo del sur de Irlanda, hija de familia numerosa y humilde, toda la vida (58 años) rompiendo los moldes del elitismo y del sexismo, tanto monta. A los 14 años vivió el tumulto causado en Irlanda por el Bloody Sunday y a los 18 fue invitada a unirse a un "club republicano" en el Trinity College. Dijo "no" a la violencia, pero conoció desde dentro las razones por las que la gente corriente caía en las redes del IRA, y eso la convirtió tiempo después en experta. What terrorists want (Lo que quieren los terroristas) se ha convertido en un libro de referencia obligada en la última década. "Conoce a tu enemigo" es la moraleja, no siempre bien entendida, con la que Richardson desafía a los adalides de la guerra contra el terror tras el 11-S. Ahora le preocupa que el futuro inquilino de la Casa Blanca se desmarque con una "demostración de fuerza" que tire por la borda el terreno ganado ante el ISIS. También le inquieta el Brexit, por lo que tiene de peligrosa vuelta a "esa Europa de los nacionalismos que resultó ser tan destructiva".

P. Al cabo de casi un año, ¿cómo lleva lo de ser la primera mujer en ocho siglos como vicerrectora de Oxford?

R. Una se va habituando ya a estas cosas, en la Universidad de St. Andrews fui también la primera mujer en 600 años... Mi nombramiento ha tenido una fuerte carga simbólica, es cierto. Pero lo que de verdad espero es el día en que deje de ser noticia lo de "la primera mujer en esto o aquello". Eso sí, me gustaría que con el tiempo me recordaran simplemente como uno de los mejores vicerrectores de Oxford. Y punto.

P. ¿En su carrera se ha tenido que enfrentar más veces al sexismo o al elitismo?

R. La vida es muy corta para pensar en obstáculos. Siempre me he dejado llevar por un lema: hacer lo que me apasiona y hacerlo lo mejor posible, sin reparar en las barreras ni en los falsos techos. Tuve la suerte, eso sí, de haber tenido acceso a una buena educación pese a haber nacido en una familia numerosa y en la Irlanda rural. Ese sería mi sueño: que todos los niños y niñas tengan derecho a una buena educación desde la base, para poder llegar donde se propongan.

P. Pero no me negará que Oxford se percibe como el no va más del elitismo...

R. Esa percepción es un tanto errónea, y si así lo fuera tampoco sé qué habría de malo en ella. Es increíble cómo celebramos el fútbol de élite o el atletismo de élite, y cuando hablamos de una educación de élite parece que algo está mal... Le voy a decir una cosa: yo soy científica social, y como tal me atengo a los datos. La evidencia es que dentro de estas paredes privilegiadas hay una institución meritocrática. Si este fuera el bastión del elitismo, nunca habría elegido a una mujer irlandesa de extracción humilde en el puesto que ahora ocupo. Más del 10% de los estudiantes provienen de familias que ganan menos de 16.000 libras al año. Su dedicación y su talento les ha permitido llegar hasta aquí. Somos muy selectivos, es cierto, pero seleccionamos a los estudiantes en función de sus méritos, no de su riqueza.

P. Veintisiete primeros ministros pasaron por aquí ¿Se puede llegar a Downing Street sin la bendición de Oxford?

R. Es una cifra bastante apabullante, la verdad. Ninguna otra institución puede competir con ella. Aunque es también sintomático que de los 27 tan sólo dos fueran mujeres: Margaret Thatcher y Theresa May. Somos el 50% de la población, aún nos queda un largo camino

P. Usted dio su apoyo a Hillary Clinton en las elecciones norteamericanas ¿Cuánto habrá que esperar para la primera presidenta?

R. Espero que no tengamos que esperar mucho, aunque visto cómo discurrió la campaña va a ser difícil persuadir a otras mujeres para que lo intenten pronto. El hecho de ser mujer, en el ambiente político que se ha creado, fue uno de los factores que pesó en contra de Hillary. Era sin duda la persona más cualificada para el cargo. Yo he sido su gran defensora y no oculto mi decepción por el resultado, sobre todo habiendo vivido tanto tiempo y teniendo allí a parte de mi familia.

P. ¿El Brexit allanó el camino a Donald Trump?

R. Yo me opuse filosóficamente al Brexit y por las mismas razones cuestiono ahora el resultado de las elecciones americanas: me parece que son dos pasos en la dirección equivocada. Yo creo en la colaboración internacional, en un mundo más abierto y a la vez más integrado, y no en la creación de nuevas barreras, y en la reafirmación de los nacionalismos que han sido una fuerza tan destructiva en los últimos años, sobre todo en Europa... La UE se debe mejorar y reformar, pero tenemos que reconocer su principal logro: 40 años de paz dentro del bloque europeo. A mucha gente se le puede escapar ese hecho histórico, pero creo necesario recalcarlo. Aunque es cierto que el referéndum sacó otro hecho a la luz, y es la distancia entre la gente común y las instituciones. Ese recelo es el que está alimentando el populismo a los dos lados del Atlántico.

P. Usted defendió sin ambages la permanencia ¿Cree que Oxford podrá mantener su condición de universidad número uno del mundo fuera de la UE?

R. Entre las universidades británicas, la coincidencia fue prácticamente total. Todas queríamos seguir dentro de la UE, entre otras cosas porque queremos seguir atrayendo a las mejores mentes europeas. El número uno de Oxford tiene sobre todo dos pilares: la investigación y la calidad de los académicos, que a su vez atraen a los mejores estudiantes. Todo eso está en riesgo ahora.

P. ¿Cómo les afectará directamente el Brexit?

R. De tres maneras principalmente. Los primeros afectados serían los estudiantes de la UE (entre ellos los españoles) que son el 15% del total y se verían obligados a pagar matrículas más caras como extranjeros, y no como ahora que pagan como los británicos (10.500 euros años al año). El 17% de nuestro personal es también de origen europeo, y en este caso me preocupa una fuga de talentos, por no hablar del impacto emocional que ha supuesto para ellos el Brexit: es como decirles que a partir de ahora no son bienvenidos. Y finalmente tenemos el reto de las investigaciones: el 12% de nuestros presupuestos (67 millones de libras el año pasado) provienen de fondos europeos. El Gobierno británico se ha comprometido a una dotación extra de investigación e innovación, pero estamos hablando de un dinero que ha sido fundamental para mantener la posición puntera de las universidades británicas.

P. Hay universidades que están planteando abrir sucursales en Europa. ¿No entra en sus planes?

R. No, nunca hemos intentado duplicar la experiencia de Oxford, porque creemos que no es posible. Pero estamos abriendo vías de colaboración con otras universidades europeas, aunque vivimos en una atmósfera muy cambiante. No sabemos qué va a pasar ni qué planes tiene el Gobierno.

P. ¿Cuál es su preferencia llegados a este punto?

R. Un Brexit lo más blando posible, que nos permita mantener los vínculos con Europa... Pero tenemos que estar preparados para un resultado muy diferente. Se supone que en Oxford tenemos mentes muy creativas, ya encontraremos las soluciones.

Desandar el camino

P. ¿Y qué pasará con Irlanda?

R. No podemos volver a la frontera dura, eso sería un terrible paso atrás. Yo sigo muy conectada con Irlanda, el Brexit se percibe allí como un gran riesgo. La pertenencia a la UE ha sido clave para la cooperación y el crecimiento económico de las dos Irlandas. Desde el Acuerdo del Viernes Santo ha habido grandes progresos en el proceso de paz: lo último que necesitamos ahora es dar una excusa a los republicanos recalcitrantes para desandar todo el camino. El Brexit podría tener efectos muy destructivos para Irlanda: hay que hacer un esfuerzo especial para mitigarlos.

P. Usted creció en el sur de Irlanda en la época más crítica del conflicto del Ulster. ¿Es cierto que sus padres tuvieron que encerrarla a los 14 años para evitar que participara en una manifestación anti-británica?

R. Es cierto, lo cuento en mi libro (Lo que quieren los terroristas). Yo quería unirme a una manifestación pacífica, en protesta por el Bloody Sunday, cuando los soldados británicos dispararon contra los civiles desarmados (murieron 14). Era entonces una adolescente y lo viví desde dentro: contemplé cómo estudiantes, profesores, padres y ciudadanos normales pueden verse tentados a caer en las redes del terrorismo organizado y cometer atrocidades. Para entender lo que hay detrás del terrorismo hay que tener muy en cuenta el contexto histórico y geográfico, y yo lo tuve durante las tres largas décadas que conocemos como The Troubles (Los Problemas).

P. También cuenta en su libro cómo el IRA intentó reclutarla junto a una amiga cuando estudiaban en el Trinity College...

R. En la universidad, en aquellos momentos, era inevitable. Si eras estudiante, tarde o temprano te invitaban a unirte a un club republicano. Yo participé en los debates, pero rechacé unirme porque no admitía el uso de la violencia.

P. Su libro levantó en su día ciertas críticas, le acusaron de "empatizar" con los terroristas...

R. Es que hay que empatizar con el enemigo para conocerle mejor. Esto es algo muy distinto a justificar lo que están haciendo. Como principio, creo que la empatía es un obligación moral, tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro para entenderle mejor. Y en el caso del terrorismo, para poder contrarrestarlo.

P. Usted fue muy crítica con la reacción de Estados Unidos tras el 11-S. ¿El Estado Islámico es acaso un subproducto de la guerra contra el terror de Bush?

R. Ha habido otros factores desde entonces. Decir que el ISIS fue causado directamente por la guerra contra el terror es tal vez un tanto simplista, pero es cierto que la reacción de Estados Unidos fue desproporcionada. Primero, porque no se puede declarar en abstracto la guerra al terror, y después porque no se puede reducir el reto a "vencer a las fuerzas del mal". El resultado de la doble intervención armada, en Afganistán e Irak, fue la total desestabilización de Oriente Medio. Uno de los principales objetivos de los terroristas es buscar una reacción exagerada, eso fue lo que lograron el 11-S y lo que siguen buscando con atentados como los de los dos últimos años en París.

P. ¿Cómo se hace pues frente al ISIS?

R. La fuerza militar nunca puede ganar por sí misma al terrorismo; en todo caso puede contribuir a crear un espacio político, como ocurrió en Irlanda del Norte... En el caso del ISIS, yo creo que la estrategia actual está dando resultados. El punto débil de los terroristas ha sido tener un espacio físico, en este caso lo que ellos llaman el califato, en el que pueden ser golpeados. El ISIS está en plena huida, perdiendo territorio y cada vez más cercados. Pueden tener simpatizantes en Europa que actúan jurándoles fidelidad, pero su radio de acción es limitado si funciona bien la inteligencia y sobre todo si logramos comunidades integradas, que no den amparo a los extremistas. Siempre estaremos expuestos a acciones como la de Niza, o las que padecimos en Madrid o en Londres, pero hay que poner la situación en su contexto. En los últimos meses el reclutamiento de yihadistas ha caído un 90%, porque nadie quiere morir bajo las bombas americanas, rusas o sirias.

P. ¿La elección de Trump puede cambiar la ecuación?

R. El conflicto de Siria y el desastre humanitario de esa guerra tienen que llegar a un punto final. Pero he de reconocer que una de las razones por las que me preocupa la elección de Trump es precisamente porque puede tener la tentación de una nueva "demostración de fuerza" ante los terroristas y eso nos puede crear problemas.

**NOMBRE: Louise Richardson ESTADO CIVIL: Casada y con tres hijos edad: 58 años; nació en Tramore, un pueblo al sur de Irlanda SU PROYECTO: "Un mundo en el que todos los niños y niñas tengan acceso a una buena educación como yo la tuve" LIBRO: 'Un largo, largo camino', de Sebastian Barry PELÍCULA: 'Cinema Paradiso', de Giuseppe Tornatore

El Mundo (España)

 



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