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07/08/2015 | ¿Es Joe Biden el antídoto a otro Clinton en la Casa Blanca?

Javier Ansorena

El vicepresidente de EE.UU. medita plantar cara a Hillary Clinton en las primarias demócratas para las elecciones presidenciales de 2016, como le hizo prometer su hijo, fallecido este año.

 

Las primarias del partido republicano de EE.UU. parecen un circo con trapecistas, domadores, magos, equilibristas, payasos y espontáneos comparadas con las de su rival demócrata: un concierto de una solista, con apenas un telonero. El primer gran debate televisado de los candidatos conservadores tiene lugar este jueves y Fox, la cadena que lo organiza, ha tenido que seleccionar a los diez candidatos que mejor van en las encuestas (las encabeza Donald Trump, seguido de Jeb Bush y Scott Walker) para que participen en esta emisión de máxima audiencia. Se han quedado fuera otros siete aspirantes republicanos a la Casa Blanca, con nombres tan conocidos como Rick Perry, ex gobernador de Texas, o Rick Santorum.

Las aguas bajan con mucha más calma en la orilla demócrata. Hillary Clinton, favorita incuestionable desde mucho antes de que anunciara su candidatura, solo tiene al acecho al independiente Bernie Sanders, un senador por Vermont cuyo discurso populista ha ganado mucho apoyo recientemente pero que está lejos de inquietar a la ex secretaria de Estado en las encuestas. Pero todo podría cambiar con la irrupción de Joe Biden. El vicepresidente de Barack Obama en sus dos mandatos en la Casa Blanca se plantea presentar su candidatura a la presidencia de EE.UU.

En la decisión se mezclan la ambición -llegar a presidente es su gran sueño, según los más cercanos-, estrategia electoralista -Biden podría animar las primarias y curtir a Hillary para la recta final de las elecciones- y razones personales. Al parecer, su hijo Beau, fallecido a finales de mayo a los 46 años por un cáncer cerebral se lo pidió en su lecho de muerte. Lo relató hace unos días Maureen Dowd en una columna en «The New York Times»: «Beau estaba perdiendo la capacidad de vocalizar y el lado derecho de su cara estaba parcialmente paralizado. Pero tenía una misión: intentar que su padre le prometiera que se presentaría a las presidenciales, con el argumento de que la Casa Blanca no debía volver a los Clinton y que al país le iría mejor con los valores de Biden».

Al hilo de esta columna, surgieron noticias, en este periódico y en otros medios, sobre apoyos incipientes en sectores del Partido Demócrata, sobre una Super Pac -una organización de recaudación de fondos para las elecciones- y sobre posibles colaboradores en una eventual campaña. No hay nada cerrado. Biden meditará su entrada en la carrera presidencial en familia (otro de sus hijos, Hunter, también apoya la decisión), en sus vacaciones de agosto. Hasta finales de este mes o principios de septiembre no habrá ningún anuncio, pero ahora las especulaciones se disparan sobre su efecto en las elecciones.

¿Tiene posibilidades reales de batir a Clinton? Para muchos, Biden entraría en la carrera presidencial demasiado tarde, con una gran ventaja financiera para Hillary -ya ha recaudado 45 millones de dólares-, sin tiempo para que cale su mensaje (algo que sí ha logrado Bernie Sanders) y con poca anticipación para ganar apoyos en Iowa y New Hampshire, dos estados clave en las elecciones, donde se celebran las primeras primarias y cuyos electorados trillan desde hace tiempo los candidatos.

El peso del pasado

Tampoco ayudaría su pasado como candidato a la presidencia, un asalto que ya intentó en 1988 y en 2008. En la primera ocasión, se vio envuelto en un escándalo por plagiar partes de discursos y por maquillar su curriculum universitario. En 2008, su candidatura descarriló apenas en el comienzo de la contienda por un desafortunado comentario sobre Barack Obama, también aspirante. En las primarias de Iowa no llegó al 1% y abandonó la carrera presidencial.

Pero su fama de «bocazas», de político espontáneo, quizá sea un punto desde el que labrar apoyos. En los próximos meses, Hillary Clinton tendrá que enfrentarse a una avalancha de ataques por su escándalo por el uso su cuenta de email privada cuando estaba al frente de la Secretaría de Estado y por su papel en el asalto a la embajada de Bengasi. Desde el bando republicano, se utilizarán para minar su credibilidad y su autenticidad, algo en lo que Biden -sobrio y efectivo como vicepresidente durante dos mandatos- no tiene tacha.

También hay quien ve en la irrupción de Biden una buena noticia para los demócratas, más que un motivo de preocupación para Clinton. El vicepresidente podría ser un buen ‘sparring’ para combatir la idea de «inevitabilidad» que tiene Hillary para el electorado demócrata y que resta empuje a su mensaje. Eso resultaría en una candidata demócrata más fajada para cuando toque definir la elección presidencial frente a cualquiera de sus rivales republicanos a los que, sin duda, no les va a faltar pelea durante el próximo año.

ABC (España)

 



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