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13/06/2018 | Los desertores norcoreanos en EE.UU.: «¿Para qué una cumbre si no se habla de derechos humanos?»

Javier Ansorena

Grace Jo, vicepresidenta de la asociación de refugiados norcoreanos en EE.UU., asegura que con la cumbre Pyongyang solo busca tiempo y dinero

 

Grace Jo pertenece, a su pesar, a un club muy exclusivo. Hay cerca de 5.000 norcoreanos entre los 325 millones de estadounidenses, una comunidad mínima, si se compara con casi cualquier país del mundo. Ella es una de las 214 personas que tienen estatus de refugiado en EE.UU. Y una de las pocas que puede hablar sin tapujos y sin esconderse en el anonimato: no le queda familia en Corea del Norte, así que nadie sufrirá represalias por lo que diga.

Jo tiene 26 años y vive en Maryland, después de haber escapado en 2008 junto a parte de su familia de las torturas, la persecución y el «gulag» de Corea del Norte. Habla por teléfono con ABC casi a la vez que Donald Trump y Kim Jong-un aparecen ante las cámaras y se dan un apretón de manos. Es un momento histórico para su país de origen y para el que le ha acogido, pero Jo lo vive con un optimismo «a medias».

«Es bueno que Kim se abra a hablar con el presidente de EE.UU. Lo malo es que sabemos que el Gobierno de Corea del Norte nunca abandonará las armas nucleares. Solo tratan de ganar tiempo y dinero. Necesitan que se suavicen las sanciones internacionales», asegura.

Jo considera que en antes Trump estaba haciendo un buen trabajo con su posición de fuerza frente a Pyongyang. Ahora no le gusta escucharle decir que Kim «hará algo grande para su pueblo», en un país descosido por la pobreza y la represión, en el que han muerto millones de personas por las hambrunas en las últimas décadas. Para todo aquel que sufre al régimen norcoreano, la cumbre no servirá de mucho porque se ha dejado fuera los derechos humanos, asegura. «La desnuclearización es muy importante, claro. Pero también lo son los derechos humanos», exige. «¿Para qué se celebra una cumbre si no se habla de derechos humanos?»

Para Jo, la comunidad norcoreana comparte la idea de que Pyongyang no renunciará a las armas nucleares, porque es la único que les da unaposición de fuerza en cualquier negociación. Conoce bien esa postura como vicepresidenta de la organización Norcoreanos en EE.UU. «Todos pensamos de forma similar al respecto» asegura. Lo mismo dice de la estrategia de Corea del Norte de limpiar la imagen de Kim, que ha pasado de ser un excéntrico y peligroso dictador a unavezado diplomático. Parte de ello, según Jo, se debe también al nuevo Gobierno de Corea del Sur, liderado por Moon Jae-in, cuyos encuentros con Kim en la frontera de ambos países contribuyeron al cambio en la percepción del dictador. «Es una operación propagandística», asegura. «Quizá Kim tenga sus propios planes y su mentalidad haya cambiado, pero el régimen y la elite de Corea del Norte nunca permitirá un cambio político de forma pacífica».

En esa línea, Trump ha beneficiado a Kim con la cumbre, que ha dado un baño de respetabilidad al líder comunista. La línea que EE.UU. debería seguir, según Jo, es «mantener el máximo nivel de sanciones. Sin dinero, el régimen pierde su poder. Con o sin sanciones, la gente norcoreana sufre igual. Pero el cambio político nunca se producirá si el régimen sigue teniendo recursos».

ABC (España)

 



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