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27/04/2007 | Chávez ayuda a Morales a controlar la opinión en Bolivia

Emilio J. Cárdenas

Con el apoyo económico de Venezuela, el presidente boliviano Evo Morales creó una red de radios gubernamental y anunció que también organizará una de televisión y otra de diarios impresos. El objetivo es, claramente, poder controlar la información y las opiniones.

 

Una red nacional de radiodifusión adicta

Uno de los primeros proyectos que unió operativamente a Fidel Castro, Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez fue el de Telesur, una productora de televisión encargada de proyectar a toda América Latina la visión del mundo propia de la izquierda radical, financiada —claro está— con los impuestos de los ciudadanos de los países que han ido contribuyendo a conformar su capital.

Por esto no sorprende que, con la inefable cooperación del gobierno venezolano, el presidente Evo Morales haya instalado 25 radios comunitarias —que llegarán pronto a ser 30— a lo ancho y largo del territorio boliviano. En un país de alto analfabetismo, la existencia de una red gubernamental de radios puede tener enorme influencia en la formación de la opinión nacional.

Al delinear públicamente la misión y el trabajo que harán en el futuro las 25 radios comunitarias, Morales señaló que su gobierno tiene intención de organizar también una red de televisión y otra de periódicos, cuya principal tarea será decir “la verdad”. En pocas palabras, esto quiere decir que, con los impuestos de todos, Morales financiará una red de medios de comunicación masiva que difundirá “la verdad”, tal como ella se define en los círculos áulicos de la izquierda radical, en La Habana, Caracas, Buenos Aires y, en alguna menor medida, Montevideo.

La red radial se denominará “Red Patria Nueva” y comenzará a transmitir a partir del 1° de mayo próximo. Para que no se equivoquen, Morales recomendó a sus periodistas “tener otra orientación, diferente a la de los medios tradicionales”, lo que —obviamente— supone que los periodistas que no trabajan para él no dicen la verdad y que los medios de comunicación masiva independientes la distorsionan sistemáticamente, lo que es falso, de falsedad absoluta.

Las nuevas emisoras deberán contar con periodistas capaces de hablar el idioma originario de cada región, esto es quechua, aymara y guaraní, entre otros. Y ser también capaces de enviar “mensajes de orientación” en el marco político, cultural, ideológico y programático. De pluralismo e independencia, ni una sola palabra, naturalmente. Es como pedirle a Fidel Castro que admita el pluralismo, o respete la libertad de opinión, cosa que nunca ha hecho desde que, en cambio, ha encarcelado a todos aquellos que piensan distinto a él y se animan a disentir públicamente.

Las nuevas radios bolivianas no son “pequeñas radios”, sino emisoras de largo alcance y gran potencia, dotadas de computadoras y de todos los equipos modernos necesarios para cubrir una vasta audiencia.

En el mismo discurso, como si no se hubiera dado cuenta de la ola de corrupción que ha estallado dramáticamente en sus alrededores, Morales les dijo a los suyos que la corrupción era “impresionante” y “difícil de erradicar” porque “muchos no están preparados para hacer frente a este mal”, a lo que agregó que “no sabía por qué Bolivia era puntera en la corrupción, pero estando en el Parlamento me di cuenta de que se hace política para enriquecerse, eso desde la campaña electoral”. Por supuesto, silenció la venta de avales escandalosamente hecha por su propio partido, el MAS, a todos aquellos que, sin reunir los requisitos mínimos, pudieron acceder a puestos públicos aprovechando su afiliación socialista. Y los negociados intentados por las máximas autoridades de YPFB que ya no están.

Queda visto que Morales tratará de manipular, todo lo que pueda, la opinión pública de su país. En primer lugar, a través de instrumentos de propiedad del Estado, esto es de todos los bolivianos, que utilizará para transmitir insistentemente la visión radical de los pocos que conforman su entorno.

La historia enseña que éste es, presumiblemente, sólo el primer paso. Como su númen bolivariano, Hugo Chávez, es muy probable que Morales, una vez instalada la red propia de medios de comunicación masiva, comience enseguida a presionar sobre los medios independientes para tratar de hacerlos desaparecer, de manera de asegurarse un discurso único. De la misma manera en que ya lo hicieron Castro y Chávez, en sus respectivos escenarios nacionales. Éste es el peligro. Y no es poca cosa.

La receta del izquierdismo radical para manejar a los medios y manipular la opinión pública

Quienes han seguido de cerca la actuación de nuestro presuntamente democrático y serio gobierno en Argentina advierten que, lejos de ser respetuoso de la opinión pública, mantiene, desde hace rato ya, algunos aparentes nexos non-santos con ciertos medios adictos de comunicación masiva y con un torrente de periodistas que responden a sus prolijos impulsos, formando y deformando las cosas al compás de los acontecimientos, de manera que algunas “se vean” y otras “se diluyan”.

En la Bolivia bolivariana, la receta es aparentemente la misma. A lo expresado más arriba, cabe agregar la denuncia formulada por el periódico boliviano Página Uno, en su edición número 20 del mes de marzo, en la que revela la existencia de una estructura periodística corrupta en la prensa nacional boliviana. Esta estaba aparentemente a cargo del exiliado peruano Walter Chávez y de otros extranjeros, quienes discretamente la administraban en contacto directo con las más altas autoridades bolivianas.

Para ello, aparentemente, se pagaba a algunos periodistas un “bono de colaboración” mensual del orden de los mil dólares.

Según la información, el año pasado, se habrían usado para este propósito unos tres millones de dólares oportunamente suministrados por Chávez y que habrían ido a parar a los bolsillos de un grupo de periodistas privados, encargados de aplaudir y denostar al influjo de las instrucciones que llegan desde el entorno presidencial. Sus nombres están citados, una y otra vez, en la publicación aludida y en una verdadera infinidad de correos electrónicos que galopan constantemente en la preocupada red boliviana.

Emilio J. Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas.

Economía Para Todos (Argentina)

 



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