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18/12/2010 | La izquierda latinoamericana y la corrupción

Emilio J. Cárdenas

''...el espectro de naciones "bolivarianas" está plagado de corrupción''

 

En América Latina la década en curso políticamente ha sido una donde la izquierda estuvo en el poder. Ella ha dominado ampliamente el escenario político regional. Especialmente en el llamado “eje bolivariano” de naciones, liderado por Hugo Chávez, con el concurso ideológico constante del interminable Fidel Castro.  

Como consecuencia de ello han quedado diversas enseñanzas. Nítidas. La más importante de todas, quizás, es que la izquierda radical no es democrática, sino autoritaria. Más allá de “las pieles de oveja”. Por eso desfigura, perversa y tramposamente, la democracia y la desnaturaliza hasta en su esencia. Y se conduce dentro del autoritarismo más cínico. Por eso ataca la libertad de prensa. Por eso concentra el poder en manos de los Ejecutivos. Por eso afecta la independencia de la justicia. Por eso hipócritamente defiende sólo los derechos humanos y libertades de quienes comparten su visión y jamás los de los demás.  

Pero hay otra enseñanza que no le va en zaga en cuanto a importancia a la anterior: la izquierda radical es extremadamente corrupta. Más allá del rubor. Con descaro. Abiertamente.  

En rigor, el nuevo siglo ha puesto en evidencia la década más corrupta de todas las que recuerda la historia regional. En particular el espectro de naciones “bolivarianas” está plagado de corrupción. Repleto. Venezuela, Ecuador, Nicaragua y, muy especialmente, Bolivia son sus cotos de caza.  

Pero el contagio es grande. Basta recordar el caso de la “valija de Antonini Wilson”, repleta de dólares llegados a Buenos Aires desde Venezuela y parte de una caravana de otras “valijas” con cuyo contenido aparentemente se financiara la campaña electoral de Cristina Fernández de Kirchner, lo que afecta su legitimidad. Algo similar parece haber ocurrido asimismo con petro-dólares venezolanos gastados en la campaña electoral que llevara a la presidencia a Rafael Correa, en Ecuador.  

No ha sido tan así, en términos de magnitud o inundación, con las experiencias de la izquierda moderada, que se ha mostrado algo menos corrupta. Lo que no es necesariamente lo mismo que ser honesta. Pero entre los moderados las cosas son algo menos repelentes.  

Sin embargo, como veremos enseguida, en todas partes hay picardías y se “cuecen habas”. Por acción u omisión. Hasta en los casos de los dirigentes de izquierda que presumiblemente son los más “sensatos”.  

Noticias que nos llegan desde el Uruguay así lo confirman. No es un caso grosero y escandaloso como el de Antonini Wilson, en Argentina. Pero es grave, por todo lo que significa. Me refiero a la administración de José (“Pepe”) Mujica. Un héroe “tupamaro” de pelo blanco y mirada gélida, responsable quizás de los aberrantes crímenes de lesa humanidad cometidos en los 70 por esa agrupación terrorista contra civiles inocentes en abierta violación de las Convenciones de Ginebra de 1949, que era ley interna en la región y que todos parecen haber decidido olvidar. Pues nunca se investigaron. Sus autores están en el poder, amnistiados de los hechos que corresponden a sus pasados. No vaya a ser que tengan que asumir sus responsabilidades. Para ellos sólo existe el ciertamente aberrante “terrorismo de Estado”. Nada más. Lo que consuma un gigantesco fraude histórico y político que los beneficia y que alguna vez se desenmascarará.  

Pepe” Mujica, por sus dichos -cándidos y muchas veces acertados- ha sido comparado con el “Viejo Vizcacha”, a quien Martín Fierro llamara su tutor. Al que José Hernández, sin embargo, describía como “medio cimarrón, muy renegado, muy ladrón, y le llamaban Vizcacha”.  Sobre él, José Hernández -entre otras cosas- dijo: “La echaba de comedido; en las trasquilas, lo viera, se ponía como una fiera si cortaban una oveja; pero de alzarse no deja un vellón o una tijera”. Profético.  

(Cabe apuntar lo siguiente respecto de los objetos sobre los que el Viejo Vizcacha cometía latrocinio. “Vellón”, es un cuero de lanar, usado en los “aperos” -esto es monturas- con los que cabalgaban los gauchos. Las “tijeras”, a su vez, eran aquellas utilizadas en las tareas de esquila).   Digo todo esto porque ahora “Pepe” Mujica ha “premiado” (a estar a la información del diario “El País”, de Montevideo) a un senador de su color político, un ex intendente de la ciudad de Salto de filiación democristiana, Ramón Fonticella, con una frecuencia de radio. Lo que no parece digno in foro conscientiae.  

Y, de paso, no sólo lo privilegia dinerariamente, sino que deja la emisora en manos de un hombre de su misma ideología, lo que no es necesariamente algo casual. Hombre del sector frente-amplista del moderado Danilo Astori, el senador Fonticella intentó ser consagrado como tal en las urnas y no lo logró. No obstante, se le dio acceso (por la ventana) a una banca senatorial. Aunque “provisoriamente”, esto es por un plazo. Lo cierto es que allí está, todavía.  

Ahora no sólo es senador, es también adjudicatario de CW27, Radio Tabaré (más conocida en la jerga profesional como: “Bulevard Broadcasting”), de la ciudad de Salto, en sus propios “pagos”, diría Martín Fierro. Es dueño a través de una sociedad de responsabilidad limitada, una de cuyas mitades le pertenece.  

Como periodista, Fonticella se inició (¡oh casualidad!) en esa misma radio, fundada en 1928, la más antigua de la ciudad oriental. En 1939 ella fue del ex Presidente “colorado”, Luis Batlle Berres. En 1975, la línea radial se acercó a los “blancos”. Como senador, Fonticella ahora se quedó con la mitad de la emisora.  

No parece muy ético. Más bien, luce perverso. Los rusos dirían que lo sucedido es un cachetazo al buen gusto (poshchechina obshchestvenomu vkusu). Es, por lo menos, eso. En rigor, es mucho más. Es presumiblemente una de las tantas formas de la corrupción.  

Por eso aquello de que “en todas partes se cuecen habas”, que también parece aplicarse en el Uruguay izquierdista del ahora moderado José “Pepe” Mujica. Lo sucedido es más que una opera buffa, es una verdadera pena. Pero confirma aquello de que la corrupción también se apodera de la izquierda. De mil maneras. La izquierda en Uruguay está lejos de ser tan corrupta como la de Venezuela. Pero ya no es inmaculada.


Emilio J. Cárdenas Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

Diario Exterior (España)

 


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