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25/12/2014 | Un aliado estratégico, en crisis

Emilio Cárdenas

La sensación de euforia que se apoderara de la Federación Rusa después de la ilegal anexión de Crimea y Sebastopol -en marzo pasado- está siendo reemplazada por una de extendida preocupación.

 

No es para menos, el rublo vale ya un 45% menos que a comienzos de año. Y la semana pasada -sin ir más lejos- en apenas dos días la moneda rusa perdió el 16% de su valor contra el dólar. Pese a que el Banco Central -conducido por Elvira Nabiullina- había tardíamente elevado las tasas de interés para las operaciones en rublos, del 6,5% al 17%. El nivel de tasas de interés más alto de los últimos 9 años.

La sombra de una crisis económica y financiera de magnitud -parecida a la de 1998- atemoriza a muchos. Las dos principales razones del drama que hoy vive nuestro "socio estratégico" son: (i) la vertiginosa caída del precio del petróleo crudo -su principal fuente de ingresos y divisas por exportaciones- que ronda los 60 dólares el barril, cuando no hace mucho estaba por encima de los 100 dólares el barril y (ii) las duras sanciones económicas impuestas por Occidente como consecuencia de las nostálgicas -y desafiantes- aventuras anexionistas rusas. No sólo en Crimea y Sebastopol, sino en Ucrania, en general.

Por esto, en una reciente conferencia de prensa, Vladimir Putin anunció que su país está ahora frente a dos años de probable recesión. Casi inevitables. Como consecuencia de ello, previsiblemente comprará menos en el exterior, ajustándose los cinturones. Frente al anuncio, los sueños de muchos pueden haber quedado truncados. Entre ellos, los nuestros de poder reemplazar a Polonia como proveedora de fruta a la Federación Rusa. Porque Rusia -indignada por las sanciones europeas- demolió de un plumazo las tradicionales compras de fruta polaca, que conformaban el 8% de las exportaciones totales de Polonia.

En la misma conferencia de prensa, Putin culpó directamente a Occidente de todo lo que sucede en su país. Alegóricamente dijo que trata de "cortarle las garras al oso ruso". Como si sus propias audacias no hubieran tenido nada que ver. Y las sanciones hubieran sido espontáneas y establecidas sin motivo alguno.

Así reaccionan los autoritarios, nunca las culpas son propias. Sólo los éxitos. Lo cierto es que la economía rusa -la novena del mundo- va camino a contraerse este año un 5% de su PBI. Lo que podría volver a suceder el año próximo, en ese mismo nivel, por lo menos.

Lo que sucede impacta en la economía rusa toda. Las tasas de interés interbancarias están creciendo. También en niveles (28,3%) que son los más altos de los últimos nueve años. Y una parte sustancial de las importaciones se ha detenido, porque la fijación de sus precios en rublos ha devenido una tarea riesgosa.

Pero, pese a todo, el tradicional nacionalismo ruso sigue manteniendo altos los niveles de aprobación de la gestión de Putin, que están en el orden del 75%. No muy distinto a cuando Putin se apoderara de Crimea y Sebastopol, encendiendo fácilmente el fervor -y hasta entusiasmo- nacionalista de los rusos.

No obstante, ya se escuchan algunas críticas a Putin que, en un país casi sin oposición política, en principio pesan algo menos. La crisis de la economía puede erosionar rápidamente el entusiasmo del pueblo ruso, que está perdiendo rápidamente el nivel de vida del que gozaba. La sensación de inestabilidad puede, de pronto, dañar severamente la imagen de un presidente que repentinamente parece haber perdido buena parte de su magia, basada en mantener siempre la iniciativa. Lo que ahora no es posible.

Ocurre que las medidas adoptadas (ventas significativas de reservas para sostener al rublo, de un orden de 30 billones de dólares semanales, obligar a los exportadores de cereales a liquidar de inmediato sus divisas y a demorar las nuevas exportaciones y flexibilizar los requerimientos de capital y las relaciones técnicas con las que operaba el sistema financiero ruso) son señales intranquilizadoras. En todas partes. También en Rusia.

Lo que sucede con las exportaciones de trigo (Rusia, recordemos, es el cuarto exportador mundial de trigo) está presionando a los precios internacionales del trigo hacia la suba. Como sucediera en 2010. No obstante, la volatilidad es ciertamente alta, al tiempo de hacer apuestas.

Hasta sus socios comerciales más incondicionales -como sucede con la totalitaria Bielorrusia de Alexander Lukashenko- ahora venden a Rusia en dólares, en lugar de rublos. Porque están evidentemente alarmados con todo lo que sucede.

Muchos miran con creciente desconfianza al sistema financiero local, temerosos de que, de pronto, quede atrapado por las convulsiones. Lo cierto es que la oferta de crédito ha disminuido notoriamente. Y que la alternativa de acceder al mercado internacional de capitales les es imposible.

En paralelo, las ventas de automóviles han caído fuertemente. La fuga de capitales se ha incrementado y las inversiones externas están detenidas. Todo coincide para conformar un cuadro de alta fragilidad.

Este es, claramente, un mal momento para la Federación Rusa. Porque pone en evidencia cuán cierto es aquello de que la Unión Soviética era, en su momento, una "súper potencia", mientras que su heredera, la Federación Rusa, es -en todo caso- sólo una "potencia regional" que procura evitar su declinación. Lo que es bien distinto.

Lo que sucede traumatiza a muchos rusos. Porque lastima dos conceptos que la sociedad rusa valora como pocas, no sin algún grado de misticismo: el de krepki khozyain (que se refiere a la noción de "líderes fuertes", a los que rusos no tienen la desconfianza visceral que respecto de ellos existe en otras sociedades) y el de poryadok (que quiere decir "orden"), al que los rusos asignan una importancia social particular. Con la crisis, ambas nociones -vinculadas con la sensación de estabilidad- lucen amenazadas..

La Nación (AR) (Argentina)

 



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