Se esperaba que en las elecciones locales del 28 de mayo en España triunfara el Partido Popular (PP), pero el resultado fue superior a las expectativas previas. Tanto es así que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, acusó el duro golpe y reaccionó en forma inmediata al anunciar que adelantaría las elecciones generales, previstas para diciembre, para el 23 de julio.
El PP sumó nueve puntos porcentuales desde las elecciones
anteriores y triunfó en la mayoría de las autonomías y capitales de provincia.
Algunos triunfos tienen un especial valor simbólico, como el de Sevilla, tradicional
baluarte del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Este perdió también a
manos del PP, Aragón, Islas Baleares, Cantabria, La Rioja, Extremadura y la
Comunidad Valenciana. La derrota en esta última, que los socialistas anhelaban
conservar como un foco de resistencia ante una oleada adversa, evidenció la
magnitud de la nueva tendencia y la casi inevitable culminación de un ciclo
político.
Vox, el partido de extrema derecha, no creció tanto como
se esperaba, pero igualmente demostró que es un actor político con el que el PP
deberá contar en el futuro inmediato. Por el contrario, las elecciones parecen
haber extendido un certificado de defunción a Ciudadanos, el partido creado
hace unos años con ideas centristas, pero un tanto distantes de las del PP. La
polarización lo pulverizó y sus antiguos votantes, que probablemente provenían
de simpatizantes desencantados del PP, volvieron a las fuentes. Similar suerte
corrió Podemos, al que podríamos calificar como el kirchnerismo español.
NUEVO PRESIDENTE
Todo indica que en las próximas elecciones generales se
impondrá el PP y que su líder. Alberto Núñez Feijóo, será el nuevo presidente
del gobierno. La incógnita es si podrá gobernar solo con su partido o
necesitará formar una coalición con Vox. Sánchez Feijóo, que fue presidente 13
años de Galicia, tiene fama de moderado y pragmático. Nunca quiso hasta ahora
coaligarse con la extrema derecha, por temor a perder votos centristas. El PSOE
atizará el temor de parte de la ciudadanía a Vox para intentar, si no ganar,
por lo menos morigerar la derrota.
El PSOE paga el precio de haberse inclinado hacia el
populismo, un giro que había iniciado José Luis Rodríguez Zapatero, el
expresidente del gobierno español que resultó a la postre un insólito defensor
del régimen de Nicolás Maduro. En ese y otros temas se apartó de la vieja
guardia de su partido, la de Felipe González y Alfonso Guerra, que en las
primeras décadas de la democracia española llevaron adelante políticas de
modernización, de racionalidad económica, de aliento a la iniciativa privada y
de integración europea. Lamentablemente, aquel legado de la Transición fue
puesto en crisis por una nueva camada de dirigentes que se inspiraron en los
populismos latinoamericanos.
Tal vez España sea ahora, como lo fue muchas veces, un
espejo que adelanta lo que sucede en la Argentina. Los vientos de libertad que
la atraviesan son los mismos que ya se perciben en nuestro país.
De tanto poner el foco en las minorías (a veces
artificiales), se perdió de vista el elemento esencial de la democracia, que es
el gobierno de las mayorías. Los símbolos forjados por capillas intelectuales
les dieron la espalda a las personas de carne y hueso, que quieren trabajar,
forjarse sus propios destinos, vivir en paz y que se respeten el orden y las
leyes. La realidad, tantas veces negada, urdió su venganza
* Jorge R. Enríquez: Ex Diputado Nacional. Presidente de
la Asociación Civil Justa Causa. Miembro de Profesores Republicanos.
https://www.laprensa.com.ar/530546-Vientos-de-libertad-en-Espana.note.aspx