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12/02/2017 | Guía de la resistencia anti Donald Trump

Pablo Pardo

El mundo académico, las empresas tecnológicas, los ecologistas y los artistas lideran la oposición social a Trump. Los líderes republicanos neoconservadores también se posicionan en contra del magnate

 

Imaginemos a un presidente del Gobierno de España que tuviera en contra al Diccionario de la Real Academia. ¿Surrealista, no es cierto? Sin embargo, eso es lo que pasa en Estados Unidos. La cuenta de Twitter del Diccionario Merriam-Webster le ha declarado la guerra a Donald Trump. El Merriam-Webster viene a ser el equivalente con el inglés estadounidense de lo que el Diccionario de Oxford es con el británico: lo más parecido al canon lingüístico en unos países que no tienen una academia.

Y, ahora, Lauren Naturale, que es la persona que lleva la cuenta de Twitter del Diccionario, ha convertido en 'troleo' al Partido Republicano en general y a Donald Trump en particular en una bella arte, lo que incluye desde machacar los errores gramaticales del presidente y sus colaboradores (incluyendo a la secretaria de Educación, Betsy DeVos) hasta colgar definiciones de palabras junto a fotos de altos cargos del Gobierno con la mayor mala leche posible. La oposición del Merriam-Webster refleja al electorado estadounidense.

Ya lo dijo Trump tras ganar las primarias de Nevada, el 24 de febrero pasado: "Amo a los que tienen una educación pobre". Es un amor correspondido. El 52% de los licenciados universitarios votó por Hillary; 43% lo hizo por Trump. Si se analiza a los que no tienen título, sale la misma proporción, pero a la inversa. Entre las personas de raza blanca, dos tercios de los que no fueron a la universidad apoyaron al candidato republicano.

De modo que la oposición a Trump se concentra en sectores de la sociedad en los que hay más abundancia de personas con un alto nivel educativo.

Sillycon Valley

El caso más evidente son las empresas tecnológicas, con Apple a la cabeza. El presidente y consejero delegado de esa compañía, Tim Cook, no solo ha coordinado la carta de 97 gigantes de esa industria oponiéndose a la prohibición de entrada de personas de siete países musulmanes en EEUU, sino que ya decidió en verano que Apple no iba a donar nada a la Convención Republicana. La actitud de Cook -cuya cara de póker en una reunión con Trump en enero e convirtió en fuente de innumerables 'memes' en internet- ha arrastrado a algunos de sus rivales, como Microsoft, Facebook, y Google. Menos sutil es Jeff Bezos, de Amazon, que tuiteó en 2016 que le iba a reservar un asiento a Trump en uno de los cohetes espaciales de su empresa, Blue Origin.

Silicon Valley se opone a Trump por muchas razones. Algunas son culturales y religiosas. Trump tiene el apoyo de los evangélicos, y en Silicon Valley lo 'cool' es, como mínimo, ser budista. Encima, Cook es el único directivo de una gran empresa estadounidense que ha salido del armario, y las tesis del vicepresidente de EEUU, Mike Pence de que la homosexualidad es una enfermedad que se cura no le hacen gracia al máximo directivo de Apple. Facebook quiere más inmigración de ingenieros y personal cualificado, algo que Trump no sólo no va a llevar a cabo sino, más bien, va a limitar aún más. Y Google echa de menos al Gobierno de Obama, con el que tenía un poder en Washington solo comparable al que ahora posee el banco de inversión Goldman Sachs.

Industria

Otros sectores de la economía ven a Trump con poca simpatía. Pero no se han atrevido a enfrentarse directamente a él. Ése es el caso de las empresas de automoción, con las que el presidente la ha tomado porque tienen fábricas en México. Claro que la actitud de Trump le ha distanciado incluso de empresas tradicionalmente conservadoras, como el gigante de la distribución Wal-Mart, que ha visto cómo el precio de su acción se resentía por el plan promovido por los republicanos del Congreso para subir los aranceles a todas las importaciones hasta un 20%.

Académicos

Claro que en ninguna parte de EEUU la oposición a Trump es tan grande como en el ámbito académico. Los sindicatos de maestros de la enseñanza pública han declarado la guerra a la secretaria de Educación, Betsy DeVos, una decidida defensora del cheque escolar. El viernes, DeVos no pudo realizar su primera visita a una escuela desde que asumió el cargo porque un piquete no la dejó entrar en el Instituto Jefferson, situado en una zona de clase alta de Washington.

Tampoco en la enseñanza universitaria aceptan a Trump. La Unión de Universidades Estadounidenses (UAU, según sus siglas en inglés), que agrupa a las 62 instituciones de enseñanza superior más importantes de EEUU, también ha publicado una carta como las empresas tecnológicas contra la política inmigratoria del presidente. Las universidades están furiosas, además, porque el presidente ha ordenado que se dé prioridad a los estudiantes estadounidenses respecto de los extranjeros.

'Celebrities'

Los grupos ecologistas y tienen un rechazo aún mayor al presidente, por encima incluso que intelectuales, artistas y 'celebrities', que, pese a que conocen directamente a Trump -que, a fin de cuentas, es una estrella de 'reality shows'- se oponen a su política de inmigración, medio ambiente, y social.

Previsiblemente, otros que rechazan a Trump son las asociaciones de defensa de los inmigrantes y de las minorías afroamericana y asiática. Pero los sindicatos están divididos entre los que creen en los planes de gasto público en infraestructuras y los que se han dado cuenta de que el secretario de Trabajo, Andy Pulitzer, se opone a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SME) y a las organizaciones sindicales.

'Neocon'

Los neoconservadores, que son los republicanos que apoyaron la invasión de Irak, están totalmente en contra de Trump, en parte porque casi todos sus líderes -como Bill Kristol, Eliot Cohen, y Max Boot- son judíos, y creen que parte del equipo de Trump es antisemita (a pesar de que el yerno y la hija del presidente, Jared Kushner e Ivanka Trump, son judíos ortodoxos).

El Mundo (España)

 



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