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01/12/2015 | La guerra llama a tu puerta

Antonio Navalón

Es fácil imaginar que la semilla del odio terrorista pueda germinar en el México del narco, en la Argentina sin oportunidades o en el Brasil corrupto.

 

Los siglos XIX y XX fueron la era de la imagen. El siglo XXI, la de la transmisión de los sentimientos generados por esas imágenes. Un ejemplo ha sido la detención de ocho sirios que pretendían ingresar de manera ilegal en Estados Unidos desde la frontera con México, otro el incremento de la vigilancia en las zonas de Uruguay y Paraguay donde se han trasladado algunos expresos de Guantánamo. Y, si observamos esta última al detalle, veremos que después de haber gastado millones de dólares para investigar las actividades de Irán en Venezuela, ahora los chiíes iraquíes y parte de los iraníes se han convertido en socios vigilantes para evitar que el ISIS —después de golpear a Europa— llegue a América Latina y ataque por la espalda al imperio del norte.

Otro contraste ha sido el desfile del Thanksgiving en Nueva York con 3,5 millones de asistentes y un despliegue de más de 2.500 policías para ocupar azoteas, calles y helicópteros, mostrando que la mayor victoria del terrorismo es que la gente ya no puede hacer su vida con normalidad. Pero aún es mayor el choque que produce ver un tanque estacionado frente al árbol de Navidad en Bruselas, justo en el lugar donde dejó de latir el corazón administrativo de la Unión Europea a causa del terror. El terror busca frenar, alterar, condicionar e impedir la vida. Una vez que lo consigue, ha ganado.

En ese sentido, Estados Unidos —como víctima del 11-S y como el país que desencadenó esta pesadilla con la invasión de Irak y la alteración del equilibrio de poderes entre suníes y chiíes— sabe que seguirá siendo el principal objetivo y que crear un enemigo común —como pasó en la Segunda Guerra Mundial, donde comunismo y capitalismo se unieron de la mano de Stalin y Roosevelt contra los nazis, los fascistas y el imperialismo de Japón— hace más llevadera la cruz de ser el principal enemigo del islam.

Estamos presenciando las primeras entregas de esta pesadilla, donde destacan el coraje, el dolor y el carrusel incesante de visitas para crear una coalición internacional de François Hollande que quiere luchar contra un enemigo que tiene una gran ventaja. Porque a diferencia de Al Qaeda —que golpeaba al enemigo sin importar dónde— el Estado Islámico busca infiltrarse y expandir su territorio. Ahora bien, si en esa estrategia está claro que París es una derrota para el ISIS, entonces Bruselas es el triunfo porque simboliza la parálisis, lo que a su vez significa que el corazón de la Europa comunitaria no sólo es débil, sino que carece de entereza y elementos para defenderse frente a un desafío tan primario como el terrorismo.

Pero lo que hay que controlar son las consecuencias expansivas de este momento. Y en las Américas será necesario considerar los fenómenos de transmutación política profunda como el de Venezuela, el que podría empezar en Argentina o el que ha existido en la frontera entre México y EE UU, que ha desatado la psicosis en la relación bilateral. Y lo que no debemos dejar de observar es que ninguno de los terroristas que han atacado territorio estadounidense llegaron de manera ilegal, sino que entraron con visa y llevaban una vida normal mientras se preparaban para alterar las raíces de nuestro mundo.

Sin embargo, eso no quita que haya zonas donde la desigualdad social permita la radicalización islamista y un terrorismo brutal. Y aunque destruyamos Raqa, una de las capitales del califato, el veneno ya ha sido inoculado en las entrañas de nuestras sociedades y ahora los enemigos son hijos de nuestros vecinos. Porque si eso es posible en Molenbeek (Bruselas), en Seine-Saint-Denis (París) o en Lavapiés (Madrid) es fácil imaginar que esa semilla puede germinar en el México del narco y la brecha social, en Argentina con su falta de oportunidades o en el Brasil de la corrupción.

Mientras tanto, una vez más nos alcanzan las ironías del destino porque ese vuelo fantasma entre Caracas y Teherán, Teherán y Caracas que hasta ayer era obsesión, hoy se ha convertido en un punto de apoyo para que, con ayuda de terceros, los rusos o los sirios intercambien información de inteligencia, desde el Gobierno iraní o los chiíes contra los suníes hasta los barrios periféricos o las capitales de América Latina.

Y así hacemos frente a una realidad en la que nuestra vida se frena, nuestros trenes se detienen y nuestros hijos están aterrorizados porque la guerra llegó sin avisar a tocar directamente la puerta de nuestras casas.

El País (Es) (España)

 



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