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14/10/2015 | Hay que resolver el disgusto de las Fuerzas Armadas de México

Leo Zuckermann

Nuestros gobiernos civiles —federal, estatales y municipales– tienen que tomarse muy en serio las declaraciones del secretario de la Defensa Nacional en el sentido de que al Ejército le incomoda estar en las calles realizando labores de seguridad pública. La paz de nuestra República depende, también, de mantener a los militares satisfechos y entusiasmados. No lo están, de acuerdo con el general Salvador Cienfuegos.

 

Para los soldados o marinos es un engaño el perseguir una carrera militar para terminar realizando tareas policiacas. Ni les gusta ni están capacitados para eso. Esto mina la moral y el espíritu de cuerpo de la institución castrense. Además, en las calles, combatiendo a los criminales, están expuestos a ser corrompidos por los grupos de la delincuencia organizada. Pocas cosas pueden ser más peligrosas para una República como un Ejército vendiéndose al mejor postor.

Por eso urge, como lo dijo el alto comisionado de la ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein, que el Ejército deje de cumplir tareas policiacas. De acuerdo. El problema es que no existen las policías para sustituir al Ejército. Eso, como decía ayer, representa uno de los grandes fracasos de los gobiernos civiles en los últimos cuatro sexenios. La pregunta es por qué los políticos mexicanos han fracasado durante tantos años en este rubro.

En México hay muchas policías: federal, estatales y municipales. La gran mayoría de los cientos de corporaciones existentes no sirven para proveer seguridad pública. Deberían desaparecer y consolidar el sistema policiaco en 33 organizaciones: una federal y una por cada entidad federativa, tal y como tiene la capital que, con todo y la corrupción presente, es la que mejor funciona debido a que tiene un mando unificado.

Pero los presidentes municipales se resisten a que les quiten a sus policías. ¿Por qué? “Nunca tuve más poder como cuando tuve policía y cárcel”, me dijo un día un político con múltiples puestos públicos en su larga carrera. Efectivamente: la fuente principal de poder de los alcaldes son sus policías. Las usan para lo que se les pega la gana. Los decentes —que sí existen— tratan de que sus policías apliquen la ley pero siempre corren el riesgo de que los criminales los corrompan. Los presidentes municipales deshonestos, en cambio, las utilizan como un instrumento para enriquecerse extorsionando a la ciudadanía y, en el extremo, defendiendo los intereses delincuenciales como ocurrió en Iguala con el nefasto de José Luis Abarca.

Cuando el presidente Calderón propuso la unificación de los mandos policiacos, los alcaldes priistas bloquearon la iniciativa. Ahora que el presidente Peña está proponiendo lo mismo, son los ayuntamientos panistas los que se oponen. Argumentan que es transferirle un gran poder a los gobernadores que utilizarían a las policías a su antojo incluyendo la persecución de sus antagonistas políticos. Mejor, entonces, mantener el statu quo donde ellos controlan a policías que no sirven para nada, lo cual implica tener al Ejército en las calles. Es, a todas luces, un pésimo argumento. Si ésa es su preocupación, que los gobernadores tengan contrapesos en las decisiones policiacas para que no puedan abusar de su poder.

Es hora de que los civiles escuchen en serio las quejas de los militares. El statu quo es insostenible por muchas razones. Una de ellas, muy importante, es que las Fuerzas Armadas están incómodas. Eso no le conviene a nadie. No podemos pasarnos otras dos décadas echándole el bulto del problema de la inseguridad al Ejército y la Marina. El tema de la formación de policías eficaces y confiables debe ser prioritario en la agenda pública e implica, sin duda, la unificación de los mandos en 33 corporaciones policiacas. Los únicos que tienen el poder para presionar a los presidentes municipales a que renuncien a sus policías son los gobiernos federal y estatales. Son ellos, a final de cuentas, los que les dan la gran mayoría de sus recursos financieros a los ayuntamientos. Sólo una alianza del Presidente y los gobernadores puede resolver este problema. Urge hacerlo. Atiendan las duras críticas del general Cienfuegos. ¿Acaso puede sostenerse una República civil con unas Fuerzas Armadas disgustadas por las órdenes que reciben?

Excelsior (Mexico)

 



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