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07/07/2015 | Los países africanos que dejan atrás la miseria

Eduardo S. Molano

Ghana, Botsuana o Isla Mauricio son ejemplos de países seguros para hacer negocios

 

Apenas las ocho de la mañana y el rostro de Fiifi «Agbeko» se encuentra ya recubierto de virutas. ¡Sigh! Aúlla la madera sobre la que trabajan las manos de este artesano cuarentón. Dos horas antes, con las primeras luces del alba, sus nueve dedos han comenzado su jornada laboral en Accra, la capital de Ghana. La décima falange hace años que sufrió un retiro forzado. Fiifi es miembro destacado de esa nebulosa tejida por la comunidad internacional llamada clase media.

En la actualidad, el Banco Africano de Desarrollo la describe como la configurada por aquellos individuos que gastan entre dos y veinte dólares al día. Huelga el recordatorio: gastar no significa ganar. Teniendo en cuenta estas cifras, la clase media africana debería crecer, según las expectativas, desde los 355 millones de ciudadanos actuales (34% de la población total del continente) a 1.100 millones de personas (42%) para 2060. El problema es, sin embargo, que el 60% de esa clase media (180 millones) constituye la clase «flotante», con ingresos para gasto de entre dos y cuatro dólares. De igual modo, a día de hoy, alrededor de 400 millones de africanos viven todavía con menos de 1,25 dólares al día.

Los motivos para la esperanza también son más que evidentes. Recientemente, un estudio de la fundación Mo Ibrahim mostraba cómo la gobernanza en los países africanos ha mejorado en la última década, aunque los retos continúan. En el análisis, que clasifica a los países africanos bajo criterios como respeto a los derechos humanos, la estabilidad económica o la corrupción, la República de Mauricio obtuvo el primer puesto, seguida de Cabo Verde, Botsuana, Sudáfrica y Seychelles. En el extremo opuesto se ubican Somalia, República Centroafricana, Eritrea, Chad y Guinea-Bisseau. «Los resultados (del estudio) desafían nuestras percepciones sobre el estado de la gobernanza (en el continente). África está progresando, pero la historia es compleja y no se ajusta a estereotipos. Aunque el panorama general se ve bien, tenemos que permanecer vigilantes y no bajar la guardia», aseguró Mohamed «Mo» Ibrahim.

Otro informe del Banco Mundial («Doing Business 2014: Understanding Regulations for Small and Medium-Size Enterprises») establecía a la República de Mauricio, Ruanda, Sudáfrica, Botsuana y Ghana como los cinco mejores países del África Subsahariana para hacer negocios. En el estudio se analizan variables como la forma de obtener electricidad (Mauricio lidera en este sentido), la protección a los inversores (Sudáfrica) o mayores facilidades para crear una empresa, registrar propiedades y obtención del crédito (Ruanda).

He aquí sus peculiaridades. Positivas y negativas.

Ruanda, lamerse las heridas

Las ciudades vecinas de Goma, en la República Democrática del Congo, y Gisenyi, en territorio ruandés, ejemplifican a la perfección las dos caras del milagro económico regional. Apenas separadas por unos metros de distancia, pero a años luz en el terreno político y económico. En el último lustro, la economía de Gisenyi, al igual que el resto del país, ha crecido (de media anual) un 8% y es sede habitual de visitantes de lujo. Mientras, al otro lado de la frontera, Goma es pasto habitual de las acometidas rebeldes en uno de los conflictos más olvidados del mundo. Dos orillas (la línea que marca el lago Kivu), dos historias políticas y económicas. «Más de dos décadas después de los terribles crímenes que se cobraron la vida de cerca de 800.000 personas, Ruanda es un ejemplo para las economías regionales», asegura el analista Jean Pierre Akingeye.

Es cierto, el Gobierno de Kigali ha sacrificado el modelo de democracia occidental a cambio de un autoritario régimen centrado en la figura presidencial. No menos cierto, también, que el milagro económico de Ruanda continúa arrojando algunos claroscuros, como el continuo acoso a la oposición política, o el propio conflicto del Congo: En octubre de 2012, un informe de Naciones Unidas acusaba al ministro de Defensa ruandés, James Kabarebe, de «comandar» a los rebeldes del M23 que se encontraban amotinados. A pesar de ello, la jugada del mandatario Paul Kagame parece haber surtido efecto. En solo cinco años (periodo entre 2006 y 2011) al menos un millón de ruandeses salieron de la pobreza, de acuerdo con la encuesta nacional sobre las condiciones de vida. Ahora, el umbral se sitúa en el 45%.

Botsuana, recursos para todos

En 2007, el empresario de las telecomunicaciones británico-sudanés Mo Ibrahim instauró el premio a la mejor gobernanza en África. Su logro otorga una retribución de cinco millones de dólares, más otros 200.000 dólares anuales de por vida, al ex jefe de Estado africano que mejores políticas de gobierno haya desarrollado durante sus años en el poder. A su vez, el mandatario debe haber transferido el poder de forma pacífica y democrática. Por ahora, lo han obtenido Joaquim Chissano (Mozambique), Festus Mogae (Botsuana), Pedro Pires (Cabo Verde) y Hifikepunye Pohamba (Namibia).

En el poder entre 1998 y 2008, el líder que nos ocupa, Festus Mogae, es fiel ejemplo del cambio surgido en Botsuana en las últimas dos décadas. En este espacio temporal, sus años de gestión han granjeado a su país una fama de correcta gestión de los recursos (Botsuana cuenta con los depósitos más lucrativos del planeta de diamantes), crecimiento de la clase media, estabilidad política y buen Gobierno.

Pese a ello, el apoyo popular al oficialista Partido Democrático de Botsuana (BDP) se ha reducido con el paso del tiempo, sobre todo, en las zonas urbanas. Ya en los pasados comicios celebrados en octubre, Ian Khama, hijo del primer presidente de Botsuana, Seretse Khama, se imponía en los presidenciales, aunque su partido solo pudo obtener 37 de los 57 escaños en disputa. En 2009 fueron 45. Precisamente, la gran dependencia de la venta de diamantes (que representa cerca del 80% de sus exportaciones) ha agudizado el desequilibrio social de forma reciente.

República de Mauricio, liberal diversidad

Contraste absoluto con la mayor economía regional (Nigeria, 175 millones de personas), la República de Mauricio (1,2 millones) es una pura victoria de la demografía. Este multirracial país situado en pleno Índico ha hecho de la diversidad su seña de identidad y es considerado uno de los Estados del mundo más destacados en materias como la defensa del imperio de la ley, la garantía de los derechos humanos o el desarrollo económico.

Para el «Overseas Development Institute», los motivos de su éxito se basan en cuatro premisas: Una heterodoxa liberalización y diversificación, una estrategia concertada de construcción nacional, unas instituciones fuertes e inclusivas, así como unos altos niveles de inversión pública equitativa. Aunque basar su economía en el turismo de alto lujo, eso sí, también ayuda.

La historia viene de lejos. Curiosamente, y a pesar de las críticas que recaen sobre el actual modelo, como asegura Ndiege Odhon’g, analista keniano y experto en relaciones internacionales, los primeros contratos de construcción entre China y África se firmaron con la República de Mauricio en los 70 (aunque las relaciones con el continente se remonten a la década de los 50, en forma de suave diplomacia hacia sus socios soviéticos).

Pero no todo es perfecto en el paraíso. En febrero, la detención del exprimer ministro Navinchandra Ramgoolam desató airadas protestas entre la oposición.

Ghana, mirada hacia el futuro

«No miramos hacia el Este ni hacia el Oeste: miramos hacia el futuro». La cita corresponde a Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana y uno de los líderes más reverenciados del continente. Ejemplo de estabilidad política, no resulta extraño, por tanto que este país fuera elegido por Barack Obama en 2009 como su primera escala subsahariana, por delante del hogar de sus ancestros -parte de su familia paterna vive al oeste de Kenia- o de naciones sobre el papel con un interés mediático mayor, como Nigeria o Sudáfrica. «Ghana ha organizado con éxito unas elecciones que condujeron a un cambio pacífico de poder», Obama justificó así su elección, en referencia a los comicios de ese mismo año.

Esta estabilidad política ha caminado de forma paralela al desarrollo del país, donde la economía ha crecido un 8% anual (gracias a las exportaciones de petróleo y el comercio de oro y cacao). A pesar de ello, la caída de los precios de las materias primas y del valor de la moneda, limitaron su crecimiento al 4,2% el pasado año. La rápida depreciación motivó, además, que en el transcurso de 2014 la moneda ghanesa, el cedi, perdiera un tercio de su valor.

Sudáfrica, recuperar el arcoíris

Huérfano ya de su padre espiritual, «el país del Arcoíris» -Sudáfrica- lucha ahora por continuar el legado de Nelson Mandela. Los retos son todavía numerosos. El Gobierno de Pretoria debe hacer frente a problemas como el suministro de servicios adecuados de salud pública, la mejora de la calidad de la educación y reducir el desempleo, especialmente entre los jóvenes. Más aún, ante una oposición política que no encuentra un representante en condiciones: Pese a los escándalos políticos, en las elecciones del pasado año Jacob Zuma obtuvo el 65.90% de los votos.

Sin embargo, la semilla plantada hace más de dos décadas continúa dando serios brotes. En diciembre de 2010, Sudáfrica se convertía en miembro de los BRIC. Una organización -acrónimo acuñado en 2001 por el economista Jim O’Neill- de la que hasta entonces solo formaban parte cuatro grandes economías emergentes (Brasil, Rusia, India y China). Aunque de «emergentes» quizá ya tengan poco. En 2014, los cinco miembros del, ahora, BRICS aportaron cerca un tercio del crecimiento económico mundial.

Aunque no es menos cierto que, con 53 millones de habitantes y un Producto Nacional Bruto de 360.000 millones de dólares, Sudáfrica está lejos de Brasil, cuya economía pesa más de 2,3 billones.

ABC (España)

 



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