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28/02/2015 | Obama: veto y decreto

Pablo Pardo

El presidente de EEUU, en un alarde de 'buenismo', no había vetado nada, pero ahora lo hará con varias normas que el Congreso, 'republicano', quiere aprobar.

 

El instrumento fundamental de la acción política de la primera potencia mundial en 2015 va a ser una pluma estilográfica diseñada para zurdos de la marca Cross Townsend, ensamblada en Rhode Island- de donde es esa empresa-pero con componentes chinos.

Es poco probable que la pluma sea vista en público. Porque Obamala emplea para vetar las leyes. Y, en la tradición política estadounidense, el presidente sanciona las leyes con gran fanfarria de testigos e invitados. Pero las veta con discreción.

La pluma ya trabajó el martes, cuando Obama vetó la Ley que autorizaba la construcción del tramo 'XL' del oleoducto Keystone, que la empresa canadiense TransCanada lleva queriendo construir desde hace cinco años. Pero eso podría ser solo el principio de un año agotador para el instrumento de escritura.

Obama va a vetar otras 12 normas que el Congreso, controlado por la oposición republicana, está dispuesto a aprobar. Entre ellas: dos que reducen las posibilidades para realizar abortos; la derogación de la reforma sanitaria de 2010; la imposición de nuevas sanciones a Irán; y la anulación de la reforma inmigratoria lanzada por el presidente en noviembre pasado, cuando el Partido Demócrata fue pulverizado en las elecciones legislativas y Obama decidió que, como con los republicanos el diálogo es imposible, valía más ir desempolvando la Cross Townsend.

Hasta ahora, Obama, en un alarde de 'buenismo', no había vetado nada. Y así lo demuestran las estadísticas. Porque, con su veto del 'XL', es la tercera vez que usa esa prerrogativa. Su predecesor, George W. Bush, la ejerció 17 veces. Bill Clinton, 37. George Bush 'padre', 44 en un solo mandato. Y así sucesivamente.

A cambio de esa moderación, Obama logró que la oposición no le diera ni agua. Es algo que también reflejan los números: el pasado día 3, la Cámara de Representantes, controlada por la oposición, votó la derogación de la reforma sanitaria. La cosa no sería noticia si es que no fuera la vez número 56 que lo hacía desde 2011. Son 56 votos sin ninguna posibilidad de salir adelante, porque los republicanos carecen de la 'supermayoría' necesaria para imponer sus criterios a los del presidente. Eso es lo que se llama tener un Legislativo preocupado por ser efectivo y no por anotarse puntos ante las bases.

Y los republicanos no cambian. El poder de los más conservadores de ese partido va a forzar a partir de la semana que viene el cierre, por falta de fondos, del Departamento de Seguridad Interior, del que dependen una serie de agencias como el FBI, la DEA -que lleva la lucha contra las drogas ilegales- y hasta las aduanas. La razón esla oposición a la reforma inmigratoria de Obama. De modo que el presidente siempre puede decir que, haga lo que haga, la oposición nunca va a estar satisfecha. Así que mejor tirar de veto. Y de decreto.

Pero Barack Obama ha añadido a su lista de potenciales adversarios parte de su partido. Si para la oposición es demasiado de izquierdas, para sus correligionarios, está más escorado de la cuenta a la derecha. "Obama ha sido una gran decepción", explica Peter Kuznick, profesor de Políticas de la American University de Washington y coautor, junto con el director de cine Oliver Stone, del libro 'La historia nunca contada de EEUU', que se publica la semana que viene en España.

En la recta final de su mandato, así pues, Obama afronta la hostilidad de la derecha y el desprecio de la izquierda. Eso quedó de manifiesto el martes, cuando, mientras el ejercía el veto para tumbar el XL, sufría una humillante derrota política en la ciudad en la que hizo su carrera política, Chicago.

Es una derrota tremendamente simbólica. Porque el alcalde de Chicago, amigo personal de Obama y ex jefe de gabinete del presidente, Rahm Emanuel, no lograba el 50% de los votos en las Primarias demócratas a la alcaldía. Ni siquiera una visita de Obama a la ciudad, la semana pasada, logró salvar a Emanuel. Como tampoco lo logró que el alcalde tuviera un presupuesto para la campaña 17 veces mayor que el de su principal. Un rival que, encima, nadie conoce: Jesús-alias 'Chuy'-Gracia, nació en México.

La incapacidad de Emanuel para lograr una victoria decisiva el martes revela que Obama se está quedando sin tirón. Incluso en su ciudad. El triunfo-al menos, psicológico-de Chuy se sitúa en la misma estela que el de Bill DeBlasio en Nueva York, cuando se convirtió en el sucesor del tecnócrata-e independiente-multimillonario Michael Bloomberg. O en la creciente popularidad de la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren. Es una rebelión de la izquierda, bien ante alcaldes a los que acusa de haber convertido a Nueva York y Chicago en 'parques de atracciones' para multimillonarios en los que nadie puede vivir con un sueldo normal-al estilo de Londres en Europa-, o, en el caso de Warren, de haber entregado el Gobierno a Wall Street.

Frente a esas críticas, Obama corre el riesgo de caer en la irrelevancia. Si no frente a los republicanos-que lo consideran el enemigo público número uno, por lo que siempre van a darle importancia-sí ante sus propios aliados. Y eso es algo que el presidente quiere evitar a toda costa. Es probable que Hillary Clinton no anuncie su esperada candidatura a la Presidencia hasta el verano, como muy pronto.

Cuando eso suceda, la atención del Partido Demócrata se trasladará hacia carrera presidencial. Pero, hasta entonces, Obama debería ser la referencia de esa formación política. Ahora, el presidente de EEUU se encuentra con que sus compañeros lo tienen de florero. Contra los republicanos, al menos, tiene su estilográfica. En la medida en la que la use, podrá mantener su relevancia de cara a sus propias bases, que parece que se han cansado de él.

El Mundo (España)

 



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