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12/05/2014 | El vaquero que asusta a Obama

Pablo Pardo

Cliven Bundy desafía al gobierno al no pagar la tasa por el uso de tierras públicas. Este ranchero tiene 900 vacas en terrenos del Estado, al que no reconoce.

 

Cliven Bundy, un vaquero de 68 años de Nevada, se ha alzado en armas contra el Gobierno de Estados Unidos y, con varios cientos de seguidores armados, ha tomado desde hace un mes el control de parte del desierto de las afueras de la ciudad de Las Vegas. Las autoridades han dado marcha atrás en sus acciones contra Bundy, que cuenta con el apoyo de varios líderes republicanos y ha propuesto reinstaurar la esclavitud. Sus seguidores se trasladaron ayer al vecino estado de Utah a 'reconquistar' un desfiladero que pertenece a la tribu india Navajo y en el que ésta ha enterrado tradicionalmente a sus muertos.

La historia es tan enloquecida que podría ser un reportaje sobre Afganistán: un grupo de cientos de milicianos, dirigidos por un pastor -Bundy- que mantiene una larga disputa con el Gobierno, toma por las armas una parte del desierto situada a una hora y cuarto en coche de lo que los habitantes del país llaman 'la Ciudad del Pecado' -Las Vegas-.

Una parte de la oposición al Gobierno le apoya, al igual que algunas de las estrellas de la televisión del país. El Gobierno pierde el control de la región y sus fuerzas, cercadas por los rebeldes, renuncian a embargar las 900 vacas de la discordia. El pastor, victorioso, propone convertir en esclavos a una comunidad que supone el 12% de los habitantes del país. O sea de los negros, de los que Bundy dijo el 19 de abril, que "abortan a sus hijos y ponen a sus jóvenes en la cárcel, porque no saben recoger el algodón. Y yo siempre me he preguntado si no estarán mejor como esclavos, recogiendo algodón, teniendo una familia y haciendo cosas".

Las bien armadas milicias rebeldes llevan casi un mes patrullando la zona y poniendo controles en las carreteras. En una de esas acciones, cortaron una autopista y provocaron atascos de tres horas. En un evento hace un mes, se juntaron 1.500 de ellos. Muchos llevaban pegatinas que decían 'terrorista nacional' ('domestic terrorist').

Pero el Gobierno de Barack Obama los está dejando hacer. No porque el presidente crea que lo mejor para él y su familia sea ponerse a recoger algodón bajo la benevolente mirada de un 'hombre de bien' como Bundy, sino porque hay elecciones al Congreso en noviembre y, si actúa, los republicanos convertirán al ganadero en un mártir. Además, hay que tener en cuenta que los seguidores de Bundy no son pacíficos. Entre ellos están miembros de grupos paramilitares como la Milicia del Estado de Arizona, que cuenta incluso con camiones blindados para prepararse, según explica en su página web, ante la posibilidad de que el Gobierno de Obama empiece a construir campos de concentración.

Entre los políticos que han apoyado a Bundy está el senador republicano Rand Paul, un favorito del 'Tea Party' y un claro aspirante a la Presidencia en 2016. Sin embargo, Paul, al igual que gran parte de las personalidades públicas de EEUU, le retiró su respaldo por sus declaraciones sobre los negros. Lo mismo hizo Sean Hannity, una de las estrellas de la cadena de televisión Fox News, que, además, tiene un programa diario de radio que, con 13 millones de personas de audiencia, es el segundo más escuchado del país. Hannity había calificado a Bundy de "amigo". Pero, tras su exhibición de racismo, ha pedido a los demás milicianos que sigan adelante sin el 'cowboy' de Nevada en su lucha contra la presunta tiranía del Gobierno.

Una tiranía del Gobierno del calibre de la que se produce cuando uno conduce a 200 kilómetros por hora y la policía le pone una multa y le quita el carné. Porque el heroísmo de Cliven Bundy se basa en lo siguiente: sus vacas llevan 21 años pastando ilegalmente en terrenos de titularidad pública. Y, cuando el Estado se las ha requisado, él ha dicho que eso era un atropello.

La idea de Bundy es simple: él no reconoce al Estado federal -lo que podríamos decir que el 'el gobierno de Washington'-, sino sólo al Estado de Nevada. Para él, la máxima autoridad en la Tierra es el sheriff del condado. Claro que el sheriff de su condado también está en contra de él. Inasequible al desaliento, Bundy ha realizado un llamamiento para que todos los sheriff de Estados Unidos se rebelen contra el Gobierno. Por el momento, los 3.083 sheriffs del país han desoído la propuesta.

Sin embargo, varios de ellos han aparecido, armados y en uniforme, en el rancho de Bundy. Y Richard Mack, un ex sheriff de la vecina Arizona, ha jugado un papel destacado en la estrategia de Bundy, como él mismo reconoció el 12 de abril, cuando cientos de seguidores del cowboy rodearon los establos en los que las autoridades habían puesto a más de 400 vacas embargadas al ganadero. "Hemos planeado poner a las mujeres delante. Si [las fuerzas del orden] van a empezar disparar, las televisiones de todo el mundo van a mostrar a las mujeres tiroteadas por esos agentes federales descontrolados", dijo Mack. Era una apuesta muy fuerte. Y Bundy y los suyos ganaron. Las autoridades decidieron soltar el ganado y suspender las operaciones de captura del resto para evitar derramamiento de sangre. El Estado tampoco ha acusado a Bundy ni a sus seguidores de ningún delito de amenazas o de quebrar la ley.

Claro que eso no ha pasado a la inversa: el lunes, cinco hijos del ganadero presentaron una querella en la vecina ciudad de Las Vegas contra la Oficina de Gestión del Territorio, que es el organismo involucrado en la operación, por diez presuntos delitos, incluyendo "asalto", "amenazas de abrir fuero a civiles desarmados" o "uso de perros de ataque".

Y todo por 900 vacas, que Bundy y su familia tienen pastando desde 1954 en terrenos del Estado. En 1993, Bundy decidió que, al contrario que los otros 18.000 ganaderos de Nevada que tienen animales en áreas de titularidad pública, él no iba a pagar más la cuota anual para meter a sus animales allí. Como consecuencia, debe un millón de dólares (720.000 euros) al Gobierno. Su ganado, además, no está bajo ningún tipo de control, y está agravando la desertización de la zona. Bundy sostiene que tiene "derechos ancestrales" para meter sus vacas donde quiera, porque su familia lleva allí desde hace 140 años. Los registros oficiales, sin embargo, revelan que solo llegaron a la región en 1947. En todo caso, los "derechos ancestrales" deberían ser los de la tribu shoshone, que es quien habitaba la región antes que nadie.

Bundy lleva dos décadas tratando de defender en los tribunales su idea de que el desierto es suyo. A medida que la Justicia le ha ido dando la razón, una y otra vez, al Estado, este regordete mormón padre de 14 hijos que siempre sale en televisión con su gorro de cowboy, ha ido negando la autoridad de más y más instancias públicas. En su visión del mundo, lo que no le dice que él está en lo cierto, es inconstitucional. Con su voz atiplada y tranquila, Bundy dice que "yo no sé cuánto debo. Y yo digo que no debo nada. No sé cuánto debo, porque no abro las cartas del Gobierno".

Entretanto, Cliven Bundy ha ido subiendo el tono de su protesta. Empezó por 900 vacas. De ahí siguió al llamado 'soberanismo', una atrabiliaria doctrina extendida en el Oeste de EEUU que niega toda autoridad al Estado federal y que es muy querida, entre otros, por los mormones polígamos que habitan, precisamente, la misma región. Ahora, Bundy ya tiene hilo directo con Dios. El ganadero ha anunciado que el Altísimo le ha comunicado en sueños que sus seguidores se van a imponer a la Oficina de Gestión del Territorio. Por ahora, parece que la profecía se está cumpliendo.

Así que, en un acto que demuestra su optimismo, cientos de seguidores de Bundy teñían previsto ayer 'tomar' pacíficamente el Desfiladero de Recapture, un lugar de una espectacular belleza natural situado a 500 kilómetros, en una reserva india de la tribu Návajo en el Estado de Utah. La entrada con vehículos en el Desfiladero es ilegal, para preservar, entre otras cosas, los lugares de enterramiento tradicionales de los Návajo. La tribu había protestado. Pero Rick Eldredge, el sheriff del condado de San Juan, donde está el área en disputa, ya había declarado que iba a evitar cualquier enfrentamiento con las milicias. Es, así pues, la política del Salvaje Oeste en el siglo XXI.

El Mundo (España)

 



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