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06/12/2013 | Ilustración: Escocia vs. Francia

Carlos Rodriguez Braun

Podría haber tanto interés en el pensamiento escocés como en los vericuetos de su política actual. En la Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana, el doctor Walter Castro desarrolló la tesis de Hayek sobre las dos ilustraciones, escocesa y francesa. No se trata, por cierto, de una categoría sólo nacional o geográfica; así, Hobbes es “francés” y Tocqueville “escocés”.

 

El profesor Castro empieza por el fenómeno social, que para los escoceses es un proceso de orden espontáneo, no es teleológico, mientras que para los franceses el orden social es cognoscible y por tanto planificable. De manera análoga, para los primeros el hombre es imperfecto, mientras que los segundos creen en la razón como instrumento eficaz para cambiar la sociedad de arriba abajo.

Esa sociedad según la Ilustración escocesa brota de lo que Adam Smith y otros llamaron simpatía: la gente se acerca a los demás buscando su relación y aprobación. Simpatía no es afecto, sino ponerse en el lugar del otro, moderando así nuestras pasiones. Los franceses, en cambio, pensaban que el cemento de la sociedad no es el sentimiento moral sino el Contrato Social.

Los escoceses creían que la moral es lo que modera la conducta mediante juicios reflexivos; el hombre tiende a juzgar lo que sucede a su alrededor, y el juicio de los imparciales es el sentimiento moral. Las normas perduran si resuelven problemas, si permiten que la sociedad evolucione porque contienen las pasiones antisociales. Para los franceses la moral es utilitaria y constructivista, no evolutiva: el resultado es lo que cuenta, no el proceso. Hay reglas externas a la evolución de la justicia (tipo Rawls), y podemos definirlas.

Los escoceses pasan de la moral y la justicia al mercado, que no funciona sin justicia, y que no depende de la benevolencia. El papel de la razón no es oponerse al sentimiento sino reforzarlo en un proceso de adaptación: eso es la civilización. En dicho proceso la razón es un instrumento, pero con limitaciones, y por eso Adam Smith previene contra el man of system que pretende reorganizar la sociedad como quien dispone las piezas en un tablero de ajedrez. Para los ilustrados galos la pretensión del conocimiento es mucho mayor, y se puede actuar sobre el mercado para lograr óptimos cognoscibles.

El impacto político de todo esto es evidente: la Ilustración escocesa es reacia al intervencionismo en órdenes complejos, y llama a la mesura; si hay que hacer cambios constitucionales, deberán buscarse reglas, y no resultados; debe haber pocas leyes, y claras. La Ilustración francesa, en cambio, abogó por muchos controles y muchas leyes; pero no por los controles internos para moderar las pasiones. Una fue plural y otra colectivista. Para los escoceses, en efecto, no hay fines colectivos sino personales: la sociedad no tiene fines y por tanto no debe tenerlos el Estado.

Este artículo fue publicado originalmente en Expansión (España) el 2 de diciembre de 2013.

El Cato (Estados Unidos)

 



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