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17/12/2012 | La corrupción no entiende de ideología

Sal Emergui

Israel ha cambiado mucho desde que el primer ministro Yitzhak Rabin dimitiera a las 23.40 del 7 de abril de 1977 en la televisión pública como candidato laborista a las elecciones. La causa fue el descubrimiento de una cuenta corriente en el extranjero, abierta por su esposa Lea cuando era embajador en Washington.

 

Rabin consideró que no podía seguir liderando el partido y el país ante algo que entonces estaba prohibido. Su acérrimo rival interno, Simón Peres, le relevó para cosechar después una derrota histórica ante Menajem Beguin (Likud).

El escándalo de los dólares sería considerado hoy una minucia. Con un presidente (Moshé Katsav) en la cárcel por violación, un jefe del Gobierno (Ehud Olmert) inculpado por abuso de confianza, un titular de Economía (Avraham Hirchson) entre rejas por robo y blanqueo de dinero y varios ministros inculpados desde los 90, la cuenta de Rabin parece un cuento de hadas.

Avigdor Lieberman se suma a la 'fiesta' aunque lleva sujeto a investigaciones y sospechas desde hace 13 años. La Fiscalía no ha podido llevarle a los tribunales por el caso más grave limitándose a uno de abuso de confianza. Más allá de las consecuencias políticas (escasas, de momento), su dimisión como ministro de Exteriores es la última de una larga relación de dirigentes que no pudieron contenerse ante tanto poder, influencia y contactos.

Los que ven el vaso medio lleno afirman que el alto número de líderes 'cazados' refleja el buen funcionamiento en Israel de los instrumentos de vigilancia como una Prensa libre e investigadora, una Policía sin temor a interrogar a los poderosos dirigentes y una Justicia independiente que no diferencia un simple ciudadano de todo un presidente.

Los que ven el vaso medio vacío denuncian una sociedad cada vez más corrupta donde predomina el atajo en los pasillos del poder y el aprovechamiento del cargo para su beneficio personal.

La ideología o religión no suponen un factor trascendental. Es un "pecado" de la naturaleza humana que no discrimina en sexo, edad o religión. La clave no es quién se corrompe sino si es cazado y castigado.

Políticos del centro izquierda como Haim Ramon que tuvo que dimitir como ministro de Justicia e ir a los tribunales por besar a la fuerza a una joven soldado antes de una reunión trascendental del Gobierno en julio del 2006. O Gonen Segev, ministro del Ejecutivo Rabin en los 90, que estuvo cinco años en la cárcel por haber intentado introducir en Israel 30.000 pastillas de éxtasis de Holanda usando su pasaporte diplomático caducado.

Políticos de centro como Hirchson (se aprovechó incluso de fondos destinados a una causa sagrada en Israel como los supervivientes del Holocausto) y por supuesto su amigo Olmert, obligado a dimitir como primer ministro en el 2008 ante varios escándalos que cuatro años después quedaron en una falta menor.

Políticos de la derecha como Katsav que acosó y violó a varias secretarias cuando fue ministro de Turismo (96-99) y presidente de Israel (a partir del 2000).

Políticos laicos como Lieberman y ultraortodoxos como Arie Deri que dimitió como ministro de Interior en los 90.

Políticos judíos como los citados o árabes como el ministro Salaj Tarif que dimitió del Gobierno Sharon por aceptar soborno.

Llegaron al poder desde posiciones y orígenes diferentes pero tienen en común ser 'animales políticos' con sentido de supervivencia en la jungla local. Pese al severo daño de imagen y que muchos acaban en la cárcel, algunos intentan volver a la arena política.

El veterano periodista Dan Margalit, que destapó la cuenta del matrimonio Rabin desde las páginas de 'Haaretz', exigió la dimisión de Lieberman desde su diario 'Israel Hayom'. Ex amigo íntimo de Olmert, hoy es su crítico más ácido debido a los casos de corrupción. "Se necesitan más juristas valientes en busca de justicia y más periodistas comprometidos para restaurar el comando de la luz frente a la oscuridad" opina Margalit, que define la lucha contra la corrupción como "fundamental en cualquier democracia".

No todo es oscuridad y luz sino que hay grises. Como los que acompañaron a los últimos tres jefes de Gobierno, además de Olmert: Ehud Barak (posible caso de financiación ilegal), Ariel Sharon (en un supuesta trama de corrupción incluyendo a su hijo pequeño Gilad mientras el mayor Omri estuvo cuatro meses en prisión por violar la ley de financiación electoral) y Benjamin Netanyahu.

Según una investigación del Canal 10, cuando era jefe de la oposición en el 2006 habría cometido un supuesto delito respecto a facturas de viajes y financiación de su carrera política en el Bibi Tours. Netanyahu negó las acusaciones que no llegaron a los tribunales.

La siguiente frase de Groucho Marx es sagrada y universal, sea cual sea la profesión, origen y nacionalidad: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”.

El Mundo (España)

 



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