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01/04/2009 | México - Las preocupaciones de Calderón

Pablo Hiriart

LONDRES.- En un sótano de lo que fue refugio, oficina y casa de uno de los grandes estadistas del siglo XX, el presidente Felipe Calderón deshizo el nudo entre la dirigencia de su partido y el PRI, con unas cuantas palabras.

 

Fui parlamentario y entiendo que la deliberación en un Congreso plural y dinámico, como es el de México, tiene sus propios tiempos, dijo a pregunta expresa sobre las acusaciones que se han hecho al PRI por no aprobar aún la Ley de Extinción de Dominio, y someterla a modificaciones.

El escándalo interpartidista que se ha hecho en México con el tema, no altera al presidente Calderón, quien se dijo satisfecho porque ya se han aprobado la mayoría de los proyectos de ley que componen su paquete de iniciativas en materia de justicia.

La supuesta ruptura con el PRI no es tal, dijo Calderón, con otras palabras, que obviamente situaron en su justa dimensión, la dimensión electoral.

Ahí, en el número 10 de Downing Street, donde Winston Churchill solía despachar en cama durante la Segunda Guerra Mundial, el Presidente de México hizo gala de tranquilidad y hasta de elegancia al negarse a contestar una pregunta sobre la comparación que hizo de él Barack Obama, con el superpolicía Eliot Ness.

A su lado estaba el primer ministro británico, Gordon Brown, quien esta semana se juega su pase a la historia al ser el anfitrión del Grupo de los 20 (en realidad son mucho más de 20 los mandatarios que asisten a la cumbre) en esta ciudad que hoy lucía más bella que de costumbre.

Un cielo azul sin nubes iluminaba las calles de Londres, cuyo centro histórico estaba adornado con imponentes banderas mexicanas a lo largo de sus vistosas avenidas.

En la explanada del edificio de la caballería real, la reina Isabel II esperó al presidente Calderón que pasó revista a las tropas acompañado del duque de Edimburgo.

Si algo puede afirmarse con toda seguridad, es que Felipe Calderón es un presidente que se siente cómodo en su cargo.

A diferencia de sus antecesores inmediatos, Calderón es un Presidente que no sufre las ceremonias oficiales, propias de su investidura, ni se acongoja al lado de personalidades como el primer ministro Brown o la realeza británica.

Ni la canciller Espinosa ni el embajador Bremer se ven preocupados porque al Presidente pudiera deslizársele algún gazapo que arruine la gira, o un chistorete inapropiado. Calderón se apega al libreto y no se pierde.

Tranquilidad es lo que transmite el Presidente de México junto a la reina Isabel II, vestida de rosa mexicano.

Lo mismo en la abadía de Westminster, donde acompañado de su esposa Margarita Zavala recorrió tumbas de reyes, poetas, científicos y músicos, que han dado a esta nación un lugar de honor en la historia de la civilización moderna.

Es de llamar la atención que a un Presidente al que se le atribuye mecha corta (que sin duda ha de tener) y acendrado espíritu partidista (lo que se prueba con su biografía), no se le noten esos rasgos en la conversación en corto ni en las conferencias de prensa.

Por lo menos, así fue en esta ocasión. Durante el vuelo de México a Londres Felipe Calderón conversó con sus invitados de manera distendida y sin aspavientos.

Sus temas son la economía y lo que México debe obtener de este tipo de reuniones (la del G-20), y la seguridad pública o, mejor dicho, la seguridad nacional.

Contra lo que pudiera pensarse, Calderón no está obsesionado con 2009.

A lo largo de las dos extensas pláticas que tuvo con sus invitados a bordo del vetusto avión TP-01, prácticamente no entró al tema electoral.

Le preocupa hasta la obsesión, eso sí, darle a la lucha contra el crimen organizado un carácter profundo, serio y permanente.

Es imposible competir contra el poder corruptor de las mafias del narcotráfico, por eso le brinda atención especial al Ejército, a los generales, a los soldados. Que entiendan, como lo entienden hasta ahora, que están defendiendo a México.

Ante el poder corruptor del enemigo, los valores del nacionalismo y el servicio a la patria, de los nuestros. Así lo ve él.

Después de hablar frente a frente con él, queda claro que el combate al narcotráfico no es un juego para ganar popularidad.

Que su disposición a ponerse en la primera fila de las Fuerzas Armadas, como su comandante supremo, no es un mensaje de debilidad ni de poder.

Acertada o equivocada, es su convicción de que hay que poner un ejemplo de compromiso a los miembros de las Fuerzas Armadas.

Que el Presidente no los echa por delante con un salario mínimo, a hacer lo que se pueda.

Por eso, quizá, por esas preocupaciones, es que resulta más fácil entender sus respuestas en la conferencia de prensa en el número 10 de Downing Street.

Y tal vez por eso, además, se puede decir que Calderón piensa más en 2010 que en las elecciones de julio.

Excelsior (México)

 


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