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18/03/2009 | Israel - Un jefe de la diplomacia nada diplomático

Sal Emergui

Lieberman, acusado de racista, será nombrado ministro de Exteriores israelí.

 

¿Quién es realmente Avigdor Lieberman? ¿El ultranacionalista que vive en una colonia, odia a los árabes, envía «al infierno» al presidente egipcio, Hosni Mubarak, y amenaza con bombardear Teherán? ¿O el político que ha sido ministro en varios gobiernos, un pragmático a favor de un Estado palestino y que por la paz ha dicho que abandonaría su casa de Nokdim, en Cisjordania?

Quizás sea una mezcla de todo. Lo que es seguro es que lidera el tercer partido de Israel y será el nuevo jefe de la diplomacia.

Tanta es su influencia, que se habla de Benjamín Netanyahu como del futuro primer ministro del Gobierno de Lieberman. El zar de Israel recuerda una anécdota de su infancia en la ex Unión Soviética: «Solía viajar en autobús con mis padres y hablábamos en voz alta en yiddish. Todos los pasajeros nos miraban con cara de odio hacia los judíos pero no les hicimos caso y seguimos con el yiddish. En ese autobús, aprendí a no rendirme».

Tras emigrar en 1978, estudió Ciencias Sociales en la Universidad de Jerusalén donde estaba en todas las reyertas con los estudiantes árabes, como Jamal Zajalka, hoy diputado del partido Balad. «Lieberman no hablaba bien hebreo, solo insultaba». 30 años después, su duelo físico en el campus es dialéctico en el Parlamento. Lieberman desmiente hoy que fue miembro del grupo racista ilegalizado Kaj.

El jefe del Consejo de estudiantes, Hanegbi, buscaba un guardia de seguridad para Shablul, el club estudiantil. «Las chicas se quejaban de que no había buen ambiente porque los árabes traían problemas. Me dijeron que un ruso llamado Avigdor Lieberman buscaba trabajo. El me dijo: 'No te preocupes, no habrá más problemas en el club'. Y no hubo más problemas».

En una ascensión meteórica, fue nombrado en 1996 director de la oficina del primer ministro Netanyahu. Tres años después, Lieberman creó un partido para inmigrantes rusos, Israel Nuestra Casa.

De duro portero de discoteca a jefe de la diplomacia que requiere finura y mano izquierda. «Me he reunido con muchos líderes europeos y norteamericanos y algunos no están acostumbrados a mi estilo ya que digo las cosas como son», confiesa.

El 29 de octubre criticó que los israelíes vayan a Egipto para reunirse con el presidente Mubarak mientras éste aún no ha visitado oficialmente Israel. «Si quiere hablar con nosotros, que venga aquí. Si no quiere venir, que se vaya al infierno», exclamó Lieberman.

También amenazó a Siria: «Si estalla otra vez una guerra con Hizbulá, no hay que destrozar el Líbano sino Siria que es la responsable de sus ataques. Atacaremos el palacio de Assad, las infraestructuras y el aeropuerto».

El canciller Lieberman es hoy mucho más moderado que el político Avigdor. Apoya «un Estado palestino junto a Israel y no en su lugar», renunciando a los barrios palestinos de Jerusalén. Aunque su batalla más controvertida es con los árabes en Israel. Intentó ilegalizar dos partidos árabes-israelíes «por su apoyo al terrorista Hamas» y su eslogan «sin fidelidad, no hay ciudadanía» fue tildado de racista por muchos. Sugirió traspasar algunas ciudades árabes al futuro Estado palestino a cambio de que las colonias no se desmantelen.

Lieberman tiene otro enemigo que a fin de cuentas le puede tumbar: el sistema judicial y policial que desde hace nueve años le investiga por posible corrupción. Por eso, pidió a Netanyahu la cartera de Justicia para «fastidiar a la elite que me persigue y me ve como un mafioso». Y llevarles la contraria. Como hizo con sus padres hablando en voz alta en yiddish en un autobús soviético hostil hace cuatro décadas.

Nacido en la ex Unión Soviética

Lieberman nació el 5 de junio de 1958 en Kishiniov (Moldavia, ex URSS). En 1978 emigró a Israel y tras servir en el Ejército obtuvo el título de Ciencias Sociales en la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde era recordado por sus ideas derechistas, su agresividad y un inseparable maletín estilo James Bond.

En 1992, inició su carrera política como director general del partido Likud, tras ser nombrado por Netanyahu. Cuando éste fue elegido primer ministro (1996), se convirtió en director de su oficina. En 1999, fundó el partido de inmigrantes rusos Israel Nuestra Casa que obtuvo cuatro escaños. En las elecciones del pasado 10 de febrero triunfó con 15 escaños.

Casado con Ela, tiene tres hijos y vive en la colonia de Nokdim, en Cisjordania. Juega al tenis y sueña con ser guionista en Hollywood.

El Mundo (España)

 


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