Inteligencia y Seguridad Frente Externo En Profundidad Economia y Finanzas Transparencia
  En Parrilla Medio Ambiente Sociedad High Tech Contacto
Economía y Finanzas  
 
04/03/2009 | Esta enfermedad no se cura con la guerra

Pablo Hiriart

Cuando se habla de recuperación económica, en realidad se soslaya que estamos podridos por dentro.

 

Esa recuperación que, fracasados los caminos tradicionales para alcanzarla, se podría buscar con una Guerra Mundial, es únicamente económica.

El mal, sin embargo, es más amplio y más hondo.

Las drogas han carcomido a Occidente.

No hay circulación de drogas sin una inmensa corrupción y cinismo de parte de las autoridades y de la sociedad.

Se introducen a Estados Unidos sin balazos, porque no hay autoridad que intente frenarlas. Ni en la frontera ni en ningún estado de la Unión Americana.

Se almacena, se distribuye y se vende en las calles de sus estados merced a la complicidad y corrupción de su policía y de las autoridades. A la vista de la sociedad.

En Europa ocurre lo mismo con las drogas. Una vez que entra el producto a ese continente, operan mecanismos de distribución que sólo se explican por el aceite de la corrupción.

La corrupción política toca a todo el mundo.

España nos ha dado recientes muestras de cómo están infectados de ese mal, pero no son los únicos.

Ahí están los casos de Alemania, Francia, Italia, que han provocado la caída de ministros, presidentes y cancilleres.

Rusia ni se diga. China tiene, hasta ahora, a la corrupción como su principal enemigo interno. La India igual.

África chapotea en corrupción, mientras que en América Latina se han perdido esos pequeños espacios que no estaban contaminados de corrupción.

Cuando hablamos de corrupción no nos referimos a los pesos que se le pueden dar a un policía para evitar una infracción de tránsito.

No, hablamos del dinero que corre para ganar concursos de obra pública, en detrimento de la calidad de la obra y del que presentó la mejor opción.

Del dinero que corre para internar y comerciar con mercancía ilegal y así obtener beneficios que no tiene el que se apega a la ley.

De apropiarse del patrimonio público.

Y del patrimonio del otro. Del patrimonio del padre, del hermano, del hijo, del amigo.

Vivimos la época de la trampa y el engaño.

En el periodismo se inventan historias que hasta ganan el Premio Pulitzer en la capital mundial de la prensa libre.

Se trucan fotos para pervertir la realidad y vender más.

Se engaña con “noticias” que benefician o perjudican a otros, de acuerdo a las conveniencias del momento.

Y decir conveniencias es decir dinero contante y sonante. O es decir ensuciar al otro, que es mi competidor en el dinero o en la fama que da dinero.

Eso ocurre en todo el mundo, y no se ve que tenga remedio. Ni con una Guerra Mundial.

La degradación del ser humano es un fenómeno universal, que no admite distingos de raza, ideología ni religión. ¿A quién le importa la verdad?

La decencia entró en declive hace muchos años, y su pendiente no tiene camino de regreso.

Todo lo que consideramos éxito salvo cada vez más escasas excepciones, está contaminado por la mancha oscura de la trampa.

El deportista que usa drogas y esteroides ya no es un caso aislado, sino que es la generalidad, cuando de exitosos hablamos.

Las iglesias no están ajenas a la vorágine de la corrupción, el oportunismo y la perversidad.

Nadie cree en los gobiernos. Ni en los políticos. Ni en los proyectos para mejorar la sociedad, o una parte de ella.

Los líderes socialistas, que iban a producir el “hombre nuevo”, terminaron muertos en las cárceles o en manos de turbas enardecidas, porque se convirtieron en ladrones y asesinos.

El comunista alemán Eric Honecker murió encerrado en la embajada de Chile, con un cáncer sangrante en el estómago.

Nicolás Ceausescu fue muerto, junto con su mujer, a balazos de fusil, disparados a menos de cuatro metros de distancia en su Rumania, país del cual fueron dictadores apoyados por los comunistas soviéticos.

El búlgaro Todor Yivkov murió preso, en la cárcel.

El húngaro Janos Kavar murió en prisión domiciliaria, en pleno proceso judicial.

Slobodan Milosevic, comunista serbio, acaba de morir en una cárcel de La Haya, después de andar disfrazado de mendigo en su propio país.

A los cuatro últimos jefes comunistas del régimen de Pol-Pot, en Cambodia, los van a fusilar dentro de poco. Tienen entre 95 y 97 años de edad.

En eso quedó el experimento del “hombre nuevo” del socialismo. Dictadores, asesinos y ladrones. Como los de la derecha.

Millones de cadáveres son el resultado de los experimentos que han tenido por objeto la redención del Hombre con mayúscula, decía Sábato.

La descomposición sigue. La rabia no murió con esos regímenes.

Ni morirá con los que mueran en una hipotética III Guerra Mundial que se construya para terminar con la crisis económica.

El mundo está enfermo de individualismo, de falsedad, de hipocresía, de desamor.

Esa gangrena es mucho más dañina que las hipotecas subprime. Éstas son uno de los resultados de aquélla.

Excelsior (México)

 


Otras Notas Relacionadas... ( Records 1 to 10 of 596 )
fecha titulo
09/03/2013 Readying Europe for This Global Age
29/12/2012 Internet: La nueva cortina de hierro
14/12/2012 La primera globalización
17/11/2012 Global Society - Yes, There Will Be a Social Revolution in America
03/09/2012 Hugo Beteta, director CEPAL para Centroamérica y México: ´El modelo está haciendo agua por todos lados´
01/09/2012 Global Economy - The Geopolitical Consequences of a New Great Depression
26/08/2012 Global Finance - Just Blame the Mathematicians?
26/08/2012 Global Energy - Nudging Europe's Energy Transformation
25/08/2012 Liderazgo mundial - Sí hay solución
18/08/2012 Global Finance: The Danger of More Financial Concentration


Otras Notas del Autor
fecha
Título
25/09/2020|
21/08/2020|
08/07/2020|
29/06/2020|
09/12/2019|
29/05/2018|
27/05/2018|
01/04/2009|
06/03/2009|
06/03/2009|
04/03/2009|
04/03/2009|
03/03/2009|
03/03/2009|
16/01/2008|
15/01/2008|
18/09/2007|
22/06/2007|
22/06/2007|

ver + notas
 
Center for the Study of the Presidency
Freedom House